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EDITORIAL

Bloqueo político, desafío separatista y crisis económica

España no se puede permitir una pérdida de tiempo como la que supondría celebrar unas nuevas elecciones que dejaran todo igual.

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A nadie debería extrañar que el PSOE haya vuelto a decir no a la nueva propuesta de diálogo que le ha hecho Podemos, habida cuenta de que es prácticamente la misma que la del mes pasado: un Gobierno de coalición en el que la formación de extrema izquierda renunciaría a unas carteras… a cambio de otras.

Aunque ni que decir tiene que un Gobierno con la extrema izquierda podemita y los separatistas catalanes estaría en los antípodas de lo que España necesita para lidiar con el desafío secesionista y con la crisis que se cierne sobre la economía nacional, el alivio que provoca el desencuentro entre socialistas y neocomunistas no debería consolar a nadie: en las actuales circunstancias, España tampoco se puede permitir un Gobierno en funciones ni siquiera para encarar unas elecciones que, según los sondeos, conducirían a una situación similar de bloqueo político e institucional.

Un Gobierno sin capacidad ejecutiva ni legislativa difícilmente puede reaccionar ante un llamamiento tan grave como el que el golpista Quim Torra ha hecho este martes para que los catalanes se enfrenten al Estado, "arriesgando para ganar". O ante las múltiples señales de que estamos a las puertas de una nueva y grave crisis económica.

Además de decir no a Podemos y seguir de vacaciones, ¿que hace Pedro Sánchez ante informaciones como la de que la deuda de la Seguridad Social roza los 50.000 millones tras subir un 70% el último año? ¿Va a seguir negando la realidad, tal y como hace al revisar al alza las previsiones de crecimiento para el tercer trimestre, hasta el 2,3%, cuando la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal prevé que el PIB apenas avance un 0,43%? Eso, por no recordar que la facturación de las empresas ya se estancó en junio, tras casi tres años de crecimiento, o que el déficit público no para de aumentar, a pesar de que los ingresos fiscales han crecido un 3,9%.

España no se puede permitir una pérdida de tiempo como la que supondría celebrar unas nuevas elecciones que dejaran todo igual, tal y como sucedió tras los comicios de diciembre de 2015 y junio de 2016. Es el presidente del Gobierno el que se tiene que poner manos a la obra y ofrecer a los partidos ubicados a su derecha un programa radicalmente distinto al que suscribirían los neocomunistas y los separatistas, a cambio de su abstención.

Está visto, sin embargo, que a Sánchez sólo le importa seguir de vacaciones… duren estas lo que duren.

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