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EDITORIAL

Cameron: principios indefinidos, victoria moderada

Es cierto que Brown ha salido muy desgastado de los comicios, o que Clegg y toda la intelectualidad de izquierdas británica han fracasado por completo, pero Cameron tampoco ha logrado un triunfo que pocas veces resultaba tan asequible.

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Por primera vez en 36 años y por segunda vez en casi un siglo, las elecciones en el Reino Unido no han arrojado un Parlamento con mayoría absoluta que permita conocer con seguridad quién será el próximo primer ministro y, sobre todo, qué programa de gobierno se implementará. Los conservadores han logrado alzarse con la victoria de 306 de los 650 escaños en un clima electoral donde la mayoría de la población sólo deseaba una cosa: que Gordon Brown no repitiera en el poder.

Ya sea votando a los conservadores, a los liberal-demócratas o a alguno de los parlamentarios laboristas que amenazaban con rebelarse contra el ex ministro de Economía de Blair, la mayoría de los ciudadanos ha rechazado una administración nefasta durante la cual ha quebrado todo el sistema bancario inglés, se ha disparado el déficit público por encima del 10% y la economía se ha estancado. Nada que no haya pasado en otras partes del mundo, pero no convendría olvidar que el Reino Unido se negó a entrar en el euro, manteniendo su soberanía monetaria, para que desastres como éstos no sucedieran.

El problema del resultado electoral es que, sin un claro vencedor, las imprescindibles recetas que requiere el país –como puede ser a corto plazo la reducción del déficit público sin incrementar la presión fiscal más aún de lo que lo hizo Brown– pueden quedar aplazadas u obstaculizadas o por un Gobierno de izquierdas o por un Gobierno dirigido por Cameron con el respaldo de Clegg.

Pues, no lo olvidemos, los liberal-demócratas, aun cuando se llaman a sí mismos liberales, no son más que un partido de nueva izquierda de corte obamita obsesionada por incrementar los impuestos a "los ricos" y por seguir expandiendo el Estado del Bienestar. Así, a pesar de la loable disposición inicial de Clegg de apostar por el recambio de Brown apoyando a Cameron, habrá que ver si ese apoyo no atará las manos al torie para implementar algunas de las reformas que muy tímidamente ha defendido a lo largo de la campaña electoral, como por ejemplo la reducción del gasto público para lograr equilibrar las cuentas.

Y es que, pese a tenerlo todo a su favor, pese a enfrentarse a uno de los políticos más impopulares de la historia de Reino Unido, al que incluso se le grabó insultando a una viuda, y pese a liderar un partido que lleva 13 años fuera del poder, Cameron ha sido incapaz de alcanzar una mayoría absoluta en un sistema electoral como el inglés diseñado precisamente para lograr mayorías absolutas.

Es cierto que Brown ha salido muy desgastado de los comicios, o que Clegg y toda la intelectualidad de izquierdas británica que quería crear un nuevo Mesías a imagen y semejanza de Obama han fracasado por completo tras todo el espectáculo mediático que se generó, pero Cameron tampoco ha logrado un triunfo que pocas veces resultaba tan asequible.

Una lección de la que tendría que aprender Rajoy: el perfil bajo, la imagen de centro y la tibieza en las propuestas no garantiza ni mucho menos el éxito electoral. Una oposición debe dejar claro desde el primer momento por qué es necesario un cambio de Gobierno, no hacerlo sólo sirve para regalar oxígeno al rival. Brown, por propios deméritos, llevaba enterrado políticamente desde hacía meses, pero poco antes de iniciar una campaña que se terminó volviendo desastrosa logró renacer de sus cenizas hasta el punto de competir de tú a tú con Cameron. Zapatero nunca ha estado tan degastado como Brown y probablemente tenga más arte en diseñar unas campañas basadas en la propaganda. Si Rajoy no quiere terminar hipotecado por los nacionalistas, si quiere aplicar reformas de calado como las que necesidad España, debería empezar a hacer oposición ya. Otra cosa es que sólo aspire a residir en La Moncloa al coste que sea. Entonces Cameron sí puede constituir un modelo.


 

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