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EDITORIAL

Chávez y el Gobierno del 14-M

Para desgracia de nuestro país, nada retrata mejor a este Gobierno que lo cerca que se siente de Chavez y lo lejos que se siente de Aznar

EDITORIAL
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Las injurias que, con ocasión de la visita a España del mandatario venezolano, Hugo Chávez, ha lanzado el máximo representante de la diplomacia española, Miguel Ángel Moratinos, contra el ex presidente del Gobierno de su propio país, José María Aznar  -al que ha acusado nada menos que de apoyar el “golpe militar” de abril de 2002 en Venezuela-, es una nueva muestra de lo que es capaz este Gobierno socialista salido de las urnas tres días después del 11-M. Para desgracia de nuestro país, nada retrata mejor a este Gobierno que lo cerca que se siente de Chávez y lo lejos que se siente de Aznar.
 
Respecto a Venezuela, en nuestra memoria están lo suficientemente grabadas las manifestaciones ciudadanas que en abril de 2002 los esbirros de Chávez trataban de sofocar a tiro limpio —fueron decenas los muertos y cientos los heridos— , como para saber que lo vivido en Venezuela en aquellos días, estuvo lejos de ser un simple cuartelazo militar contra un Gobierno impecablemente democrático. Fue una revuelta fundamentalmente civil (solamente auxiliada brevemente por una pequeña parte del ejercito) contra un gobierno que ya había dado pasos más que suficientes para poner en evidencia que no estaba dispuesto a cumplir las normas constitucionales sino, más bien, a violarlas para perpetuarse en el poder.
 
Recordemos, además, que Chávez, antes de llegar al Gobierno por las urnas, había pretendido hacerse con el poder con un cruento aunque frustrado golpe de Estado. Quizá la descripción más atrevida y próxima que de Chávez hiciera un político español —como la COPE ha tenido el gran acierto de recordar— fue la que de él hiciera en 2002 Felipe González, quien aseguraba que el mandatario venezolano era “un autoritario que, por los votos o por las botas, liquida las libertades”. El político socialista aseguraba entonces que Chávez  “estaba montando un autogolpe al estilo Fujimori”, con la diferencia —añadimos nosotros— que el régimen venezolano ha sido y sigue siendo mucho más liberticida en lo político y en lo económico y, lo que es peor, ha prestado mucho más apoyo al terrorismo —ya sea cubano o colombiano— que lo visto en el pretérito y autoritario mandatario peruano.
 
Aznar, por el contrario, en ningún momento fue tan lejos ante la confusa situación venezolana en la que la ilegitimidad de origen trataba de doblegar a la ilegitimidad en el ejercicio. El entonces presidente del Gobierno español se limitó mantener una posición común con los socios europeos y con EEUU, que lo único que respaldaba era “la plena normalidad democrática, el restablecimiento e institucionalización democráticos, la solidaridad con el pueblo venezolano, el cese de la violencia y la necesidad de garantizar las libertades y derechos públicos".
 
En cualquier caso, que ahora salga Moratinos de la mano de ese más que dudoso mandatario latinoamericano poniendo en cuestión las convicciones democráticas de Aznar y su pleno y firme compromiso con las libertades de América Latina, es lo más repugnante de un ministro que ya desde hace meses que lleva el merecido sobrenombre de “Curro Desatinos”. 

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