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EDITORIAL

Cuba: el destierro como triunfo

Los disidentes que serán excarcelados en los próximos días y meses –si los Castro cumplen su promesa– no podrán seguir siendo lo que eran: cubanos que viven en Cuba y protestan contra su gobierno.

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Ya tenemos los extraordinarios resultados de años de pleitesía del ministro Moratinos a la tiranía castrista: el injusto e inhumano encarcelamiento de decenas de personas por manifestarse en contra de la dictadura se transformará, en algunos casos, en el destierro; los demás seguirán entre rejas.

Aunque siempre sea motivo de alegría que un preso de conciencia salga de las cárceles cubanas, no parece que estemos ante nada más que una operación de propaganda. No hay que olvidar que todos ellos, y algunos más, eran personas libres –todo lo libre que se puede ser en Cuba– antes de 2003. Ni siquiera hemos vuelto a la situación de entonces, pues no todos ellos han sido liberados. Creerse que esto es un "avance" es de una ingenuidad tal que resulta difícil de creer en un político profesional. Y, sin embargo, eso es lo que nos intentan vender los socialistas.

Para Elena Valenciano, secretaria de Política Internacional y Cooperación del PSOE, el destierro de cinco presos políticos cubanos demuestra que Moratinos tiene razón en su política de claudicación ante los Castro. El argumento es difícil de seguir. Moratinos no ha conseguido su objetivo desde que está en el cargo; después de seis años, ha terminado la presidencia europea de España sin que haya logrado romper la posición común de la UE frente a Cuba. Así pues, esta "liberación" se ha conseguido estando vigente esa política. Aún si nos creyéramos el cuento de que esto es algo más que una operación cosmética por parte de un régimen que no tiene intención alguna de cambiar de rumbo, ¿qué motivos hay para cambiar una política que ha logrado este "éxito"?

Al régimen le viene sin duda muy bien este movimiento: no pierde nada, pues mantiene la condena a sus disidentes limitándose sólo a cambiar su castigo; mientras, en España y otros países, se vende la imagen de que está dispuesto a cambiar. Coste, cero; la rentabilidad dependerá del entusiasmo con que se venda esta operación de propaganda, que en el Gobierno y sus terminales mediáticas será mucho.

Sin embargo, los disidentes que serán excarcelados en los próximos días y meses –si los Castro cumplen su promesa– no podrán seguir siendo lo que eran: cubanos que viven en Cuba y protestan contra su gobierno. Se convertirán en exiliados, en lo que la izquierda más miserable y rastrera califica de "gusanos". La dictadura comunista a la que apoya el líder de Izquierda Unida, Cayo Lara, se habrá librado de su incómoda presencia y, encima, logrado unos cuantos aplausos en el proceso. Esto es lo que Moratinos y los suyos consideran un éxito. Asusta pensar a qué llamarán fracaso.


 

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