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EDITORIAL

Curiosamente, se olvidó de la paz

Sorprende que este socialismo que tanto ha renunciado a sus señas de identidad, convirtiéndose poco menos que una plataforma de venta de favores a diversos grupos de presión, haya recuperando en cambio una de sus tradiciones: el culto a la personalidad.

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En Estados Unidos hay una cierta tradición de que los presidentes hagan un discurso o elaboren un vídeo más o menos cómico, y más o menos gracioso, con motivo de la cena de los corresponsales en la Casa Blanca. Sin embargo, no se tiene constancia de que se tomen a broma la campaña electoral, ni que hagan bromas en los vídeos destinados, en definitiva, a pedir el voto. En una democracia con más de dos siglos a sus espaldas tanto los políticos como los votantes son conscientes de que los ritos electorales son algo lo suficientemente digno de respeto como para que los candidatos no se rían de ellos.

No obstante, desde el punto de vista publicitario, hay que reconocer que el vídeo ha sido todo un éxito, como sucedió con el de las Juventudes Socialistas y el realizado por Rajoy con motivo de la Fiesta Nacional. No habrá diario, tertulia radiofónica ni telediario que no hable de él, aunque sea para mal. Pero si bien el primero resultó algo contraproducente para el objetivo de apoyar la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y el segundo en cambio logró poner en aprietos la imagen patriótica que nos quiere vender a estas alturas el "Gobierno de España", es dudoso que éste sirva para apoyar los magros éxitos, si es que alguno hay, de la gestión de Zapatero. Cuando se hable de esta nueva campaña, nadie recordará los datos del argumentario puesto en circulación por José Blanco, sino del plano de la risa impostada del presidente del Gobierno intercalado tras la aparición de uno de los guiñoles de Prisa, o de las múltiples variantes más o menos insultantes que se harán del eslogan "Con Z de..."

No están nuestros gobernantes, ni los líderes de la oposición, ya que estamos, especialmente dotados para la comedia. Tampoco se les exige ser grandes humoristas. Al contrario, su misión es, o debería ser, una gestión seria y eficaz de los asuntos públicos en la que se debería incluir no dedicar el dinero arduamente ganado por los contribuyentes para grabar, editar y difundir vídeos ofreciendo una imagen del presidente del Gobierno que podríamos calificar, excediéndonos en la amabilidad, de mejorable.

Sorprende que este socialismo que tanto ha renunciado a sus señas de identidad, convirtiéndose poco menos que una plataforma de venta de favores a diversos grupos de presión, haya recuperando en cambio una de sus tradiciones más señeras, como es la del culto a la personalidad. El PSOE ha desaparecido de sus vídeos electorales, que se han transformado en una promoción basada exclusivamente en la mejor o peor imagen que los ciudadanos puedan tener de su secretario general y presidente del Gobierno. Quizá sea porque, por más que se esfuerce Blanco, estos tres años y medio no han llevado a cabo una gestión de la que puedan sentirse especialmente orgullosos.

Pero por más que se empeñen, no todo se puede decir, ni vender, con una mera sonrisa. Ni se les puede decir sonriendo a las víctimas del terrorismo que entiende su dolor "porque también mataron a mi abuelo" (antes de que naciera), ni se nos puede hacer olvidar a todos los españoles con una simple mueca que renunció a la política y el consenso antiterrorista para poder ser candidato a ese Nobel de la Paz que se ha llevado Gore. Quizá por eso, entre tanta "solidaridaz", "igualdaz" y "empleo de calidaz" que se menciona en la campaña de Pepiño, no aparece por ningún lado la palabra "paz". Con la de veces que han invocado su nombre en vano en esta legislatura.


 

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