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EDITORIAL

Deslealtad con Melilla, deslealtad con España

Que hable de "deslealtad a España" el ministro de un Gobierno que precisamente ha hecho de esa deslealtad la base de su política hacia Marruecos es el colmo de la impostura

EDITORIAL
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El espectáculo de dejadez, cobardía e inoperancia que el Gobierno de Zapatero ha ofrecido estos días ante los intolerables insultos que el régimen marroquí ha dirigido contra la Policía destinada en los puestos fronterizos de Melilla, así como ante el bloqueo que Rabat ha instigado a la entrada de productos en la ciudad española, parecía difícilmente superable. El ministro José Blanco, sin embargo, ha querido hacerlo aún más bochornoso con unas declaraciones en las que acusa nada menos que de "deslealtad a España" al ex presidente del Gobierno, José María Aznar, por el supuesto delito de visitar esa ciudad española y transmitir a sus habitantes su solidaridad ante la situación de "acoso" y de "dejadez" que sufren.

Al margen de la mentira de Blanco de decir que Aznar "nunca visitó Melilla como presidente" –cosa que sí que hizo en dos ocasiones–, aquí la única deslealtad hacia España es la de un Gobierno que considera desleal que un ex presidente visite un territorio español y se solidarice con sus habitantes, que con fundamento sienten tanto el acoso del país vecino como la dejadez de su propio Gobierno a la hora de defenderlos. Aquí la deslealtad es la de quien, como Miguel Ángel Moratinos, desaparece en plena crisis teniendo que ser el Rey de España el que ejerza de ministro de Exteriores. Aquí la deslealtad es la de un Gobierno que, en lugar de atender las quejas que vienen haciendo las autoridades de la ciudad autónoma de Melilla, les pide que las silencie para "no contribuir a una escalada de la tensión con Marruecos". Aquí la deslealtad es la de un ministro como Rubalcaba que, en lugar de salir en defensa de nuestra policía frente a las calumnias lanzadas por Rabat, guarda un bochornoso silencio, tan desleal, por cierto, como el que durante tanto tiempo ha mantenido la ministra de Igualdad ante los insultos recibidos por las mujeres policía de nuestro país. Aquí la deslealtad es la de un Gobierno que finalmente cede y retira las mujeres policía de las fronteras de Ceuta y Melilla con Marruecos, no sin antes haber concedido a Rabat un millón de euros, tal y como denunciaba este miércoles La Razón.

Que hable de "deslealtad a España" el ministro de un Gobierno que ha hecho de esa deslealtad la base de su política hacia Marruecos es el colmo de la impostura. Con todo, puestos a hablar de "deslealtades" de ex presidentes del Gobierno, aun recordamos la que, contra la tradicional posición de España en el Sáhara y en beneficio de Marruecos, perpetró en el debate organizado por Caixaforum el 28 de septiembre del año pasado Felipe González con declaraciones tales como que en el Sáhara Occidental "no hay expoliación de recursos porque no hay ninguna actividad económica" o que el Sáhara Occidental fue parte de Marruecos pues estaba ligado por "derechos especiales" con el sultanato de Marruecos o que Marruecos es "el país con mayor espacio de libertades del mundo árabe".

Aquellas declaraciones de González, quien, dicho sea de paso, jamás visitó Melilla en sus catorce años como presidente, provocaron una justa queja del Observatorio para los Recursos del Sáhara Occidental, mientras que nuestro Gobierno guardó un condescendiente silencio. Y es que González, a diferencia de Aznar, ha brindado a Marruecos tan excelentes servicios como para recibir del propio Mohamed VI el visto bueno a la construcción en Tánger de una mansión valorada en 2,5 millones de euros sobre un terreno de 5.000 metros cuadrados en primera línea de playa. Será por lo muy leal que el ex presidente socialista ha sido con España...


 

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