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EDITORIAL

Donde no hay patrón, mandan marineros

Incapaz de llamar al orden a unos barones regionales para que no hagan una política de taifas, Rajoy ha optado por corregir al único gobierno regional que, sin desatender los intereses madrileños, también ha tenido en cuenta los intereses nacionales.

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El nuevo modelo de financiación autonómica –el mismo que, como recordábamos ayer, había sido calificado apenas veinticuatro horas antes por el "líder" del PP como "frívolo", "profundamente antisocial" y como una "enorme chapuza" que traerá "inevitables consecuencias negativas para los españoles" y que ha "dejado a la mayoría de las comunidades autónomas en meros convidados de piedra"– ha sido aprobado en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera sin ningún voto en contra, incluyendo el de las comunidades gobernadas por el PP, que no sólo se han abstenido mayoritariamente sino que incluso algunas han votado a favor, como es el caso de Canarias y Ceuta.

Se consuma así el fraude y la enorme incoherencia que ayer temíamos y denunciábamos en estas mismas páginas al constatar que la contundente y justificada critica de Rajoy hacia ese sudoku iba acompañada, sin embargo, de una incoherente ambigüedad a la hora de señalar cuál iba a ser el sentido del voto de las comunidades en las que gobierna su partido. Su llamamiento a que cada autonomía defienda sus intereses trataba de ocultar su absoluta descoordinación a la hora de lograr que todas las gobernadas por el PP emitieran un voto negativo,algo coherente tanto con los principios que se supone defiende ese partido, como con las duras descalificaciones que merecidamente Rajoy había dirigido al modelo de financiación pactado por los socialistas con sus aliados separatistas.

Ante esta falta de coordinación y de liderazgo a la hora plantar cara al gobierno, Rajoy sólo pudo presagiar  ayer por la mañana, pocas horas antes de la votación, que "suponía" que las comunidades gobernadas por el PP se abstendrían "porque no tienen claro algunos extremos y quieren seguir negociando con el gobierno". No sabemos que nos resulta más lamentable: si que el líder del PP sólo "suponga" cuál va a ser el sentido del voto de las comunidades en las que gobierna su partido; o que, sabiéndolo, diga que sólo lo "supone", por ser el sentido del voto sea el de la abstención; o que lo que horas antes era una "clara y enorme chapuza" de "inevitables consecuencias negativas para los españoles" pase a ser –en cuestión de horas– un acuerdo válido para "seguir negociando" que tan sólo requiere "aclarar algunos extremos". Eso, por no hablar de que nada impide votar negativamente a ese nuevo e irresponsable modelo de financiación y seguir negociando a partir de entonces.

En cualquier caso, no ha sido esta la intervención más lamentable de Rajoy. Su "batuta" como máximo dirigente del partido sólo se ha sacado a relucir para impedir que la Comunidad Autónoma de Madrid votara negativamente al nuevo modelo de financiación, única postura coherente con los principios del PP y con las criticas que el propio Rajoy le había dirigido. Es como si, incapaz de llamar al orden a unos barones regionales para que no hagan una política de taifas, Rajoy hubiera optado por corregir al único gobierno regional que, sin desatender los intereses de los madrileños, también ha tenido en cuenta los intereses nacionales en su conjunto. Aunque tal vez sea eso lo que le moleste: que dentro del PP sí exista una alternativa que ejerza el liderazgo sin complejos ante la indefinición o indiferencia hacia cuestiones políticas de calado que exhibe con orgullo la dirección "nacional".

Ya decíamos ayer que no sería la primera vez que el líder del PP dedica argumentadas criticas de fondo a ciertos proyectos del Gobierno que luego, a la hora de votar, se transforman en abstenciones, cuando no en votos favorables. Pero no olvidemos tampoco que por una abstención de UPN a unos Presupuestos Generales del Estado de Zapatero, no más perjudiciales para la nación que este modelo de financiación autonómica, este partido dejó de ostentar desde 2008 la representación del PP en Navarra.

En cualquier caso, bien sea por una falta de liderazgo de Rajoy ante sus propios barones regionales, bien sea por una deliberada estrategia de oposición de perfil bajo que no quiere ahuyentar a los nacionalistas, la dirección del PP ha hecho de una no menos impresentable abstención la única forma de simular cierta posición común en su formación. Ni siquiera bajando el nivel de oposición a ese mínimo denominador común lo ha conseguido Rajoy: sólo hace falta fijarse en el voto favorable de Ceuta y Canarias.

Por mucho que los representantes del PP en el Congreso voten en el futuro negativamente este acuerdo cuando sea remitido como reforma de ley al Parlamento –extremo que desde luego está por ver–, nada borrará el lamentable espectáculo de incoherencia que ha dado el partido de Rajoy. De hecho, tan sólo lo dejará más en evidencia.


 

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