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EDITORIAL

El CIS de Tezanos o la corrupción de un organismo público

No le falta razon a Vox al exigir al Gobierno explicaciones ni a Cs al reclamar la dimisión de Tezanos.

El último sondeo del departamento de intoxicación y propaganda que dirige el descalificable Jose Félix Tezanos ha dejado por enésima vez en evidencia su sometimiento servil al PSOE: frente a la totalidad de las encuestas sobre las autonómicas de Castilla-León publicadas hasta la fecha, que auguran una victoria del PP que algunos incluso ven próxima a la mayoría absoluta, el CIS vaticina una victoria del PSOE que dejaría a los populares sin posibilidad de gobernar incluso si contasen con el apoyo de Vox.

Pero aún resulta más escandaloso que el exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, haya dejado en evidencia que disponía de los datos del estudio sufragado con el dinero del contribuyente antes de que se hiciera público. Aunque el exvicepresidente de Sánchez se apresuró a borrar su metedura de pata, el hecho es que el potentado comunista –que va diciendo ridículamente que ahora puede decir la verdad porque ya no está en política– comentaba a primera hora de la mañana de este miércoles en su canal de Telegram los datos que no se iban a hacer públicos hasta el mediodía.

No le falta razón a Vox al exigir al Gobierno que explique por qué tenía su exvicepresidente "información privilegiada", como tampoco Ciudadanos carece de motivos para exigir la dimisión de Tezanos por esta filtración, ciertamente "gravísima".

Sea como fuere, cabe insistir en que se debe ir a la raíz del problema. Aunque la gestión de Tezanos haya batido, ciertamente, todos los récords de utilización partidista, lo cuestionable es la existencia misma del CIS –heredero del Instituto de Opinión Pública franquista– y la elaboración de sondeos electorales a cargo del contribuyente. El Estado ya cuenta con el INE para la elaboración de estadísticas relevantes, ajenas a la pugna electoral. Quien quiera encuestas electorales, que se las pague de su bolsillo. Sobre todo si lo que pretende con ellas, lejos de conocer mejor la opinión pública, es influir arteramente en ella.

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