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El falso liderazgo de Rajoy

Lo que los afiliados y votantes del PP necesitan es una línea política clara y fiable que defienda un proyecto alternativo al de Rodríguez Zapatero, y no un rosario de pretextos mal hilvanados y peor expresados.

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A estas alturas, es evidente que Mariano Rajoy carece de las aptitudes necesarias para liderar el PP. Incapaz de motivar, comunicar, formas equipos competentes, fomentar la participación y afrontar los conflictos de forma responsable, al todavía presidente de los populares sólo le queda el recurso a la amenaza velada en forma de SMS para escenificar unos apoyos de los que carece. Algo así no es una demostración de fuerza, sino de extrema debilidad.

El acto de autopromoción del sábado pasado en Valladolid debe ser interpretado como lo que fue, una vana y falsaria representación que sólo revela la impostura y el autoritarismo que vienen caracterizando la actuación de Rajoy al frente de su partido desde su última derrota electoral. Que algunos dirigentes regionales del PP, más atentos a sus intereses a corto plazo que dispuestos a contribuir a un liderazgo capaz de articular una nueva mayoría, hayan optado por encumbrar al tambaleante Rajoy, sólo demuestra el estado de postración al que el actual máximo dirigente popular ha llevado a su partido.

Un líder es alguien a quien los demás acuden de forma natural en busca de guía, consejo y apoyo; una persona capaz de atraerse de forma espontánea la simpatía y fidelidad de los demás. En fin, alguien apto para ilusionar e inspirar. Por desgracia, cualquier parecido entre lo anterior y la conducta de Rajoy es mera coincidencia. Así, ni sus bruscas maneras ni su discurso, mezcla pueril de excusas vanas y sentimentalismo innecesario, están a la altura de lo que necesita una organización política seria y ambiciosa.

Que un candidato único dedique la mitad de su intervención a defenderse y la otra mitad a tranquilizar a su audiencia es una señal de debilidad insoportable y una demostración de vacuidad y de carencia de ideas ciertamente alarmante. Lo que los afiliados y votantes del PP necesitan es una línea política clara y fiable que defienda un proyecto alternativo al de Rodríguez Zapatero, y no un rosario de pretextos mal hilvanados y peor expresados. No nos extraña que ante el triste espectáculo ofrecido por Rajoy, algunos miembros del PSOE se refieran al acto del sábado como de "entierro" o "funeral". En todo caso, un triste, largo y cansino adiós que comienza a cobrarse un precio que ni el PP ni España se pueden permitir.

A la espera del Comité Ejecutivo de hoy, que nos tememos se salde con la acostumbrada exhibición de falso entusiasmo de algunos enmendado por el elocuente silencio de otros, todo parece indicar que el deterioro del PP inducido por la conducta de su líder seguirá degradándose en el futuro próximo. Así las cosas, no nos queda sino reiterar una vez más nuestra comprensión a todos aquellos que el pasado nueve de marzo depositaron sus ilusiones en unas papeletas que ahora algunos pretenden convertir en papel mojado. Nada mejor para un Gobierno arrogante e ineficaz que una oposición débil y deslegitimada. Esperemos que Rajoy no sea el último en darse cuenta.


 

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