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EDITORIAL

El frustrado asalto al BBVA

Con un presidente del gusto de Moncloa sentado en el primer despacho de la Torre del BBVA, Jesús de Polanco tendría algo más que una excelente vista sobre el paseo de la Castellana

EDITORIAL
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El martes por la noche la cadena SER lanzaba a través de las ondas hercianas su penúltima “exclusiva” cargada de veneno: “La CNMV estudia presuntas irregularidades en la venta de la sociedad de Bolsa del presidente del BBVA”. Una carga de profundidad destinada a dañar gravemente la imagen de Francisco González, presidente de la entidad y uno de los principales obstáculos para que la operación que Sacyr-Vallehermoso está tratando de llevar a cabo fructifique. La historia, no obstante, había empezado 24 horas antes, el lunes por la noche. El Redactor Jefe de la Cadena SER, Javier Ruiz, se presentó en la Comisión Nacional del Mercado de Valores con un dossier en la mano. Los papeles databan de 1996 y su contenido consistía en tres cartas -firmadas por el entonces director de Merryll Lynch España- en las que la sociedad bursátil FG Valores no salía muy bien parada.
 
La indagación preliminar que ordenó la CNMV sobre los documentos entregados por la SER se saldó con una cruda decepción para el correveidile de Polanco. El organismo regulador no veía irregularidad alguna y, además, en el caso de que la hubiese, ésta habría prescrito dado el larguísimo periodo de tiempo transcurrido desde entonces. Como la noticia no existía había que inventársela y poner toda la trompetería mediática de Prisa a trabajar. Por de pronto dar la “exclusiva” con toda la presteza posible y poner las máquinas de desinformación a máxima potencia. No había delito, ni infracción, y lo que se despachaba ocurrió hace casi una década, pero menudencias tales no supusieron trabas para que las “presuntas irregularidades de FG” se convirtiesen en el culebrón financiero de la semana pasada.
 
Al final ha terminado por imponerse la cordura, el viernes Manuel Conthe, presidente de la CNMV, decidió archivar sin más trámite la denuncia presentada por la SER. La institución no ha descubierto indicio racional alguno que conduzca a pensar que dentro de la CNMV se actuase de manera maliciosa entonces, cuando, aparentemente, se presentó la primera denuncia. Investigarlo de nuevo ahora sería, a juicio de la Comisión, estéril, pues la lejanía temporal hace prácticamente imposible esclarecer con precisión y garantías la naturaleza y alcance de las irregularidades. Así de sencillo. Sin embargo, esto a Polanco le ha provocado una indigestión. En un editorial de El País ha cargado con vesania contra Manuel Conthe. Los escribas de Prisa, en su habitual estilo matonesco, mantienen lo de las presuntas irregularidades de Francisco González atándolas ahora al mismísimo Conthe que, supuestamente, habría archivado el caso por presiones políticas. Muy efectista sin duda pero, ¿de quién han provenido estas presiones?
 
Porque detrás del culebrón SER-FG-CNMV hay, efectivamente, motivos políticos, pero no los que alude el editorialista de Polanco sino justamente los contrarios. No es casual que este caso se presente justo en el momento en que Sacyr-Vallehermoso quiere entrar con fuerza en el consejo del banco que González preside. Tampoco lo es que el ministro Solbes haya avalado la operación y que se haya puesto del lado de la constructora. Y, por supuesto, no es un secreto para nadie que el mayor beneficiado de que Francisco González dejase el cargo sería el Gobierno socialista y, por lógica, el aparato mediático que le acompaña. Con un presidente del gusto de Moncloa sentado en el primer despacho de la Torre del BBVA, Jesús de Polanco tendría algo más que una excelente vista sobre el paseo de la Castellana. Controlaría el segundo banco español y uno de los principales del mundo y dispondría de unos recursos financieros cuyas cifras son mareantes. Esto es lo que se esconde detrás de la “exclusiva” de la SER y de todo el jaleo que los altavoces prisaicos han armado durante esta semana de enero.
 
Es probable que Prisa continúe removiendo el tema todo lo que pueda. Quedarse en evidencia no sienta bien, especialmente cuando es la enésima vez que sucede en menos de un año. El Gobierno, por su parte, si no ha salido escaldado de esta maniobra es que no ha aprendido nada en los ocho años que se ha pasado en la oposición. En una economía globalizada como la española el Estado no debe, no puede entrometerse en los asuntos de las empresas privadas que son propiedad única y exclusivamente de sus accionistas. Si el presidente, muy mal asesorado, y el ministro del ramo, ese que va de liberal, persisten en su error todo lo más que van a conseguir es que la economía nacional se resienta, los inversores pierdan confianza en ella y el crecimiento se detenga con las consecuencias por todos conocidas.   

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