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EDITORIAL

El Gobierno sigue sin querer saber lo que pasó el 11-M

Flaco favor le hace el Gobierno al país tratando de olvidar y pasar página, y más cuando la peripecia judicial de los atentados está muy lejos de terminar.

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Difícilmente se puede ser más inoportuno. El mismo día en el que se conmemora el séptimo aniversario del peor atentado terrorista de nuestra historia, el Gobierno ha terminado dando la nota. Lo ha hecho de un modo innecesario y cruel. Innecesario porque no hay excusa posible al hecho de que ningún miembro del gabinete haya acudido a los actos de homenaje celebrados en Madrid durante la mañana. Y cruel porque, aun a sabiendas de que se desconoce al autor intelectual del crimen y se amontonan las lagunas en la investigación, el portavoz interino, Ramón Jáuregui, ha afirmado tajante que "los culpables (del atentado) fueron juzgados, condenados por sentencia firme y están pagando sus responsabilidades y culpas en la cárcel".

Aún tomando por buena la versión oficial, lo cierto es que es muy poco, casi nada, lo que sabemos a ciencia cierta de los atentados del 11-M. Son muy pocos los condenados a prisión, y de esos pocos todo lo que podría decirse es que su papel en la masacre fue, cuando menos, auxiliar. No es casual que sólo haya uno que esté en la cárcel acusado de colocar una de las bombas. Eso por un lado. Por otro, por mucho juicio que se haya celebrado y muchas condenas que se hayan dictado, la investigación de los crímenes dejó bastante que desear. A pesar de que han pasado siete años hay decenas de enigmas sin resolver; ya por desidia de los peritos judiciales, ya porque el camino alguien lo llenó a propósito de pistas falsas, pruebas manipuladas, escamoteos sospechosos, suicidios en masa y testimonios contradictorios.

Pues bien, ante esta evidencia, el Gobierno insiste en mirar hacia otro lado y dar por cerrado un caso que, en rigor, no ha sido todavía siquiera abierto. Ellos sabrán por qué lo hacen. La ciudadanía, sin embargo, sigue preguntándose qué pasó aquella mañana, quién ideó la matanza y quién la llevó a cabo, cómo se planificó y ejecutó, cuáles eran los objetivos que los terroristas perseguían... en definitiva, una investigación completa y exhaustiva que, en el caso del 11-M, no se ha hecho en los últimos siete años y, por lo que se ve, no pretende hacerse en los próximos siete.

Flaco favor le hace el Gobierno al país tratando de olvidar y pasar página, y más cuando la peripecia judicial de los atentados está muy lejos de terminar. Por mucho que le pese al Gobierno –a este y a los que vengan después– el 11-M va a seguir coleando durante mucho tiempo, mucho más del que a los autores intelectuales del atentado, esos que fue incapaz de dilucidar el tribunal presidido por Gómez Bermúdez, les gustaría.


 

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