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EDITORIAL

El Gobierno tampoco hace nada ante la campaña golpista de intoxicación informativa

El Gobierno de la Nación es culpable de una pasividad y una dejación de funciones tan indignante como estúpida y suicida y, sobre todo, tremendamente injusta con los policías y guardias civiles puestos en la diana por los liberticidas.

La consulta ilegal perpetrada este domingo por la Generalidad de Cataluña sembró el caos en el Principado, y pudo degenerar en una auténtica tragedia por la ominosa actitud de los Mossos d’Esquadra, que, convertidos en lacayos de los golpistas, consintieron que se crearan situaciones de gran inseguridad que hubieron de ser solventadas por una Policía Nacional y una Guardia Civil criminalmente dejadas a su suerte por los felones agentes del infame Josep Lluís Trapero.

Los policías nacionales y los guardias civiles hubieron de hacer frente en las peores condiciones a turbas separatistas que, en el colmo del fanatismo más repugnante, ponían en primera fila de sus barricadas contra la legalidad democrática a gentes de avanzada edad y a niños pequeños, muy en línea de las prácticas de los terroristas palestinos o de lo que pergeñó Hasán II para conquistar el Sáhara Occidental sin disparar un solo tiro (las balas las reservaba para matar saharauis): la execrable Marcha Verde. Vendidos, desprotegidos, deficientemente dirigidos por el Gobierno, esos hombres y mujeres merecen el reconocimiento de todo aquel que se sienta compelido por la defensa de las libertades y el Estado de Derecho, asaltados por quienes quieren convertir Cataluña en un Estado fallido y canalla.

Por desgracia, los golpistas han ejecutado una aberrante campaña de agitprop goebbelsiano que pretende convertir a las fuerzas del orden en hordas victimarias y en la que ellos se reservan el papel de abnegados luchadores gandhianos por la libertad. George Orwell vomitaría del asco que le provocaría semejante tergiversación de la realidad a manos de quienes han arrasado Cataluña hasta convertirla en un erial batasunizado y cuparra, pero lo cierto es que la manipulación separatista está tenido bastante impacto en el panorama internacional.

También aquí, el Gobierno de la Nación es culpable de una pasividad y una dejación de funciones tan indignante como estúpida y suicida y, sobre todo, tremendamente injusta con los policías y guardias civiles puestos en la diana por los liberticidas. La Generalidad golpista difunde cifras de heridos tan falsas como los incalificables resultados de su referéndum, indigno de la más bochornosa república bananera, y el Gobierno no hace nada, no se defiende, no contraataca. Así que las cifras mentirosas pasan a ser de uso común dentro y fuera de España y se tornan en una arma formidable de los golpistas. Es increíble. Es intolerable. Es indecente.

A los golpistas hay que perseguirlos con toda la fuerza de la Ley, hacerles pagar todo el inmenso daño que están causando y, por último pero ni mucho menos en último lugar, desenmascararlos sin descanso para que a nadie, en España y fuera de España, le quede el menor asomo de duda de lo que son: liberticidas intoxicadores que no se detienen ante nada en su empeño de hacer saltar por los aires el Estado de Derecho.

Cataluña y el resto de España no se merecen otra cosa.

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