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EDITORIAL

El miedo a la fragmentación cambia de bando

Sánchez debe de estar muy satisfecho con este movimiento, que socava aún más la posición de Pablo Iglesias.

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Tal y como estaba previsto, el partido del chavista Íñigo Errejón concurrirá a las elecciones generales del próximo 10 de noviembre, para disputarle al de Pablo Iglesias la primacía en la extrema izquierda.

En una asamblea celebrada en la tarde del domingo, los militantes y cargos electos de Más Madrid decidieron crear una candidatura que convertirá a la referida formación en partido nacional. Errejón no acudió a la misma para, dijo sin vergüenza, no influir en la votación; evidentemente, fue un mero gesto de cara a la galería para dotar de cierta apariencia de espontaneidad a una maniobra meticulosamente diseñada para crujir a Pablo Iglesias y a Podemos.

Yerran gravemente los que piensan que Errejón es un tibio socialdemócrata al lado de Iglesias y sus secuaces. Errejón es tan ultra como Iglesias y su visión política, igual de totalitaria. La única diferencia entre ambos es de tipo procedimental: Errejón prefiere contemporizar con las demás fuerzas de izquierda el tiempo que sea necesario, mientras Iglesias defiende el asalto al sistema en un juego suicida de todo o nada. Por lo demás, ambos tienen un programa neocomunista de gobierno y hacen un uso meramente utilitario de la democracia, para alcanzar el poder y no abandonarlo jamás.

En el círculo de Errejón sostienen con gran desfachatez que no se lanzan a la política nacional para dividir el voto podemita, sino para una nueva opción al tablero de pactos que surja tras el 10-N. Sánchez debe de estar muy satisfecho con este movimiento, que socava aún más la posición de su principal rival político en la izquierda. Pablo Iglesias, por el contrario, ve su liderazgo más amenazado que nunca, lo que puede llevar a cometer todo tipo de disparates a un personaje con una soberbia de dimensiones siderales.

En todo caso, lo que toca ahora es no perder detalle de este espectáculo fratricida en un movimiento antiliberal que surgió con el objetivo de destruir nuestro régimen de libertades. Parafraseando el eslogan que repetían los podemitas tan machaconamente cuando el viento les soplaba de cola, cabe decir que el miedo ha cambiado de bando. El miedo a la fragmentación. Tic, tac, tic tac...

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