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EDITORIAL

El miedo del PP a sus bases

La estrategia de Génova puede llevar a que el PP Balear viva la peor crisis por la que ha pasado ese partido en los últimos tiempos, con amenazas de ruptura que, ante la cacicada extemporánea del PP nacional, cada vez son menos veladas.

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A tenor de la escenografía y las declaraciones de sus principales protagonistas, la XV Reunión Interparlamentaria del Partido Popular que se está desarrollando en Palma de Mallorca está siendo utilizada por el aparato de Génova para apuntalar sin ningún pudor a un candidato del PP balear que nadie ha elegido. La situación sería menos grave en términos democráticos si no hubiera un serio candidato alternativo que cuenta con gran apoyo de las bases como Carlos Delgado, alcalde de Calviá, al que se está despreciando de forma pública por los dirigentes nacionales en beneficio de la apuesta personal de Rajoy para gestionar el partido en las Islas Baleares.

Es oportuno recordar que José Ramón Bauzá llegó a la presidencia del PP Balear sólo tras la dimisión de Rosa Estarás, que adujo ciertos problemas de salud para abandonar el cargo, lo que constituye precisamente una razón añadida para que el actual dirigente validara su nombramiento a través de un proceso democrático interno. El mismo Bauzá aseguró en los micrófonos de esRadio, tras llegar a la presidencia de forma tan accidental, su intención de convocar un congreso extraordinario para dar la posibilidad a los militantes del partido de decidir qué candidato y, sobre todo, qué línea política deberían seguir los populares en las islas para enfrentarse a sus rivales en las elecciones de 2011. "Nadie cuestiona este planteamiento" (el de convocar un congreso), llegó a afirmar el ya candidato oficial de Rajoy en su entrevista con Federico Jiménez Losantos. Bien, eso podría ser cierto en aquel momento, pero a la luz de las declaraciones y gestos de los dirigentes nacionales del PP, todo parece indicar que la decisión de Génova es llegar a las próximas elecciones con un candidato del que no se podrá conocer su apoyo real, en caso de que se consumen los deseos de Rajoy de evitar cualquier confrontación de personajes e ideas con carácter previo a la próxima contienda autonómica, que, especialmente en las Baleares, promete ser muy reñida.

El portavoz del PP nacional, González Pons, ha llegado a asegurar que un congreso en Baleares "en absoluto es necesario". Si en un partido sometido a una tensión política sin precedentes a causa de las graves acusaciones de corrupción que pesan sobre algunos de sus anteriores dirigentes, con un presidente accidental al que nadie ha elegido y un candidato alternativo de importante arraigo entre las bases no resulta necesario convocar un congreso, ardemos en deseos de conocer qué tiene que pasar en una delegación territorial del Partido Popular para que, a juicio del señor González Pons, resulte oportuno otorgar a los militantes la potestad de elegir a sus dirigentes.

Poco importa, en términos democráticos, la aparente seguridad de Rajoy de que el PP balear presentará una candidatura excelente y "a la altura de las circunstancias". Ese es su criterio, muy respetable, pero por encima está, o debería estar, el derecho de todos los militantes a elegir libremente a quien les debe llevar a la victoria, ciertamente factible dado el estado de descomposición política en el que está sumida la insólita coalición actualmente en el poder autonómico.

Rajoy pretende que sus protegidos ni siquiera tengan que someterse al bochorno al que él mismo se vio sometido en el congreso de Valencia, en el que el aparato del partido movió los hilos para que la contestación interna desapareciera del escenario. Sin embargo, la insistencia justificada del alcalde de Calviá de que se cumplan las previsiones estatutarias para que los distintos candidatos se sometan al refrendo de los militantes, puede llevar a que el PP Balear viva la peor crisis por la que ha pasado ese partido en los últimos tiempos, con amenazas de ruptura que, ante la cacicada extemporánea del PP nacional, cada vez son menos veladas.

La decisión de Rajoy de imponer a su candidato no sólo es inadmisible en un partido político que, por mandato constitucional, debe someterse en su régimen interno a criterios democráticos. Es también una afrenta a los militantes que ven como unos dirigentes nacionales les hurtan su derecho a elegir libremente qué quieren hacer con el partido en su circunscripción.


 

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