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EDITORIAL

El País de los enredos

No en vano, y siguiendo las mediciones de Alexa, desde hace varios meses este diario está por encima de El País en su edición electrónica, exactamente 316 puestos por encima del que aún se dice mayor periódico de España

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Decía Napoleón Bonaparte que la envidia no es más que una vulgar declaración de inferioridad. Ese trastorno del comportamiento, sin embargo, no se está cebando –como era de esperar– en muchos de los medios que languidecen sin remedio en el cada vez menos hospitalario panorama mediático nacional. Lo está haciendo, contra todo pronóstico, en el omnipotente Grupo Prisa, conglomerado que posee periódicos, emisoras de radio, gigantes de Internet, una de las tres concesiones de televisión privada y el monopolio de la emisión digital.
 
El lunes pasado, el diario en el que Jesús Ceberio lleva el negocio de dos antiguos señoritos del régimen, inició una curiosa y bizarra campaña contra Libertad Digital –sin nombrarnos naturalmente– centrada en identificar a ciertos colaboradores de este diario con una pretendida doctrina ultraderechista, retrógrada y rancia que está comprometiendo seriamente la viabilidad del PP como partido de oposición. Los espadas elegidos por el duunvirato prisaico fueron el inefable Javier Tusell, Tusellone para muchos, y Joaquín Estefanía, predecesor de Ceberio en el mostrador de El País reconvertido en productor a granel de panfletos contra la globalización y en apóstol del pensamiento paleoprogre.
 
El miércoles Daniel Gavela, perito en cinismo y recadero en jefe de la cadena SER, continuó con la ofensiva –quien sabe si por encargo– a página completa denunciando a todos los medios que osan llevar la contraria a su majestad polanquita. En palabras del responsable, los que no nos tragamos lo que dicen sus locutores hemos pasado "de la ocultación de la verdad a una tragicomedia de enredos". Quizá se refiriese a los enredos de los terroristas suicidas, o los que ocasionó el trasiego de mensajes en la noche en que los mandarines de la  SER dieron un golpe encima de una mesa sobre la que yacían 191 cadáveres.
 
El cierre del ciclo lo perpetró ayer un joven periodista, un tal Fernando Berlín, que ha pasado de ser un incondicional de Antonio Herrero a fungir como correveidile internetero de Iñaki Gabilondo. Ni que decir tiene que, en el camino, se ha dejado varias cosas, entre ellas la integridad. El artículo que publicó ayer Berlín en el diario amigo es un pretendido análisis de algo que no existe y que sólo vive en su mal amueblado almacén de ideas. El autor asegura que, de un tiempo a esta parte, la red se ha escorado peligrosamente hacia la derecha. La culpa de todo, según parece, la tiene una "galaxia" de bitácoras de tendencia liberal que se han constituido en una resbaladiza "red de pensamiento agitativo (sic) en Internet".
 
Para apoyar la tesis de semejante disparate el gacetillero radiofónico de Gabilondo se sirve de las revelaciones que un oportunista, cabecilla del movimiento ciberpunk hispano, le ha confiado. El crédito que a cualquier persona bien informada pueden merecerle la ensalada de sandeces del propagandista Berlín y su socio es nulo, sin embargo viene a confirmar el ataque de celos, preocupación y envidia que el modesto éxito de Libertad Digital y de algunas páginas de esa presumida red les ha ocasionado. No en vano, y siguiendo las mediciones de Alexa, desde hace varios meses este diario está por encima de El País en su edición electrónica, exactamente 316 puestos por encima del que aún se dice mayor periódico de España.
 
Hace unos años, no demasiados pero los suficientes como para que los más jóvenes no lo recuerden, la cadena Antena 3 de radio tuvo la osadía de situarse líder de audiencia, por encima incluso de la SER y su prodigiosa billetera. Lo pagó caro. Desapareció tras una de las operaciones más infames que ha conocido la prensa española en su larga historia, y sus profesionales hubieron de buscar otros medios desde los que seguir informando. Ni Gavela, ni Ceberio, ni Estefanía ni, naturalmente, el capo Cebrián se han visto jamás en una semejante. Ni se verán mientras sigan bajo el paraguas protector de Jesús de Polanco, el Kane español que, por lo que se ve, no consiente que ni siquiera en Internet la gente piense por su cuenta.

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