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EDITORIAL

El sano escepticismo de Rajoy

A día de hoy, y parafraseando a Zapatero en su peculiar concepto de nación, pocos asuntos son tan discutidos y discutibles como el cambio climático

EDITORIAL
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Una de las características inmutables de la ciencia es que en su seno no existen los dogmas. De ahí que entre las cualidades inherentes a cualquier científico esté la suspicacia, el no creerse cualquier verdad pretendidamente absoluta y someter a la realidad a un implacable escrutinio. La del clima es tan ciencia como todas sus vecinas en ese campo del saber. Por eso es alérgica a credos de dudoso fundamento y a verdades totales sin apelación posible como la del cambio climático. Porque, a día de hoy, y parafraseando a Zapatero en su peculiar concepto de nación, pocos asuntos son tan discutidos y discutibles como el cambio climático que pregona el movimiento ecologista y que secunda alegre y en ayunas nuestro presidente del Gobierno.

Nuestros políticos, que no son precisamente hombres de ciencia y cambian de parecer con excesiva frecuencia, han comulgado con la letanía ecologista completa por no se sabe bien que cálculos de imagen y poder. Ni a la izquierda ni a la derecha se ha puesto un solo pero a una suerte de "verdad revelada" que, por descontado, no lo es tanto. La comunidad científica no se ha puesto de acuerdo ni en el origen ni en el alcance del cambio climático que Al Gore y compañía anuncian auxiliados por la trompetería mediática habitual. Y si los científicos siguen estudiando el tema lo lógico es que los políticos permanezcan a la espera y no traten de subirse al carro que, de antemano, consideran ganador. Básicamente por respeto a algo que se escapa a su entendimiento y que toca muy de cerca el día a día de los ciudadanos.

Mariano Rajoy, por fin, ha roto una lanza por el escepticismo y por los escépticos, es decir, ha devuelto el discurso a un cauce de donde nunca debería haber salido: el debate científico que, por razones obvias, está a años luz del político. Le honra al líder del PP ser el primero en llamar a las cosas por su nombre plantando de paso cara a los que han construido un nuevo paradigma político en torno a unas investigaciones climáticas, especialmente por haberlo hecho en un foro en el que Gore, poco después, volvía a hacer caja a nuestra costa. Demuestra con esto la cordura y humildad que a otros les faltan atacando donde, hasta la fecha, sólo se defendía.


 

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