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EDITORIAL

Un simulacro de ruptura

Lo paradójico es que Rajoy, más que el presidente del PP canario, parece haber sido el principal interesado en que la supuesta ruptura con CC no sea "traumática", expresión que nos tememos encubre la voluntad de que no sea real ni firme en el tiempo.

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Tras el bochornoso respaldo de Coalición Canarias a los nefastos Presupuestos Generales del Estado presentados por Zapatero, el Partido Popular ha anunciado una supuesta ruptura con sus socios de gobierno en las Islas Canarias que todavía no sabemos muy bien si merece tal nombre.

Naturalmente, no vamos a pedir al consejero de Economía y Hacienda canario, presidente del PP en aquella comunidad, José Manuel Soria, que vote ahora en contra del proyecto autonómico de Ley de Presupuestos para 2011 que él mismo presentará para su aprobación el próximo viernes ante el Consejo de Gobierno autonómico. Tampoco vamos a pedir que, a partir de ahora, el PP canario vote de manera sistemática en contra de todo lo que presente Coalición Canaria, como reprimenda al apoyo que permitirá a Zapatero seguir arruinando a los españoles, incluyendo, que nadie se llame a engaño, a los propios canarios. Pero una cosa es esto, y otra muy distinta, garantizar sin más a los nacionalistas la estabilidad de su gobierno, tal y como ha hecho el PP al mismo tiempo que anunciaba su supuesta ruptura con ellos.

Si el anuncio de ruptura no pretende ser más que un mero gesto a la galería –algo probable si tenemos en cuenta que se produce a escasos siete meses de las próximas elecciones autonómicas–, los consejeros del PP no sólo tienen que hacer efectiva su salida del gobierno canario la próxima semana, tal y como se han comprometido supuestamente a hacer, sino garantizar a los nacionalistas canarios que a partir de ahora ya no apoyarán nada que no corresponda al cien por cien con su ideario y con lo que se comprometieron con sus electores. Pero, sobre todo, el PP tiene que romper real y definitivamente, tanto en Canarias como a nivel nacional, con los nacionalistas que, a la vista está, sólo persiguen objetivos espurios a costa de la desvertebración y empobrecimiento general de España.

Lo paradójico es que parece haber sido más Rajoy que el propio presidente del PP canario el principal interesado en que la supuesta ruptura con CC no sea "traumática", expresión que nos tememos puede encubrir la voluntad de que no sea real ni, menos aun, firme en el tiempo. Especialmente si tenemos en cuenta que no sería la primera vez que PP y los nacionalistas canarios rompen para poco después, ya pasadas las elecciones, recomponer sus alianzas del gobierno.

Si Rajoy, de verdad, quiere revertir el proceso de disolución y empobrecimiento nacional que está padeciendo España, no puede limitarse a sustituir a Zapatero en sus alianzas con los nacionalistas. Por el contrario, y tal y como ya hemos apuntado en innumerables ocasiones, debe impulsar una reforma en el sistema electoral que imposibilite que pequeñas minorías regionales se conviertan en árbitros para la gobernabilidad de toda la nación. Quizá, una vez conseguido que Zapatero ya no esté al frente del PSOE, resulte posible un acuerdo de Estado entre los dos grandes partidos para frenar esta suicida sangría de legitimidad y competencias que está acabando con la administración central, la única en la que todos los españoles podemos mirarnos de igual a igual. Pero de no ser esto posible, Rajoy debe regresar a los principios que tradicionalmente ha venido defendiendo su partido, aquellos a los que apelaba María San Gil en su famosa ponencia donde se pronunciaba en contra de los pactos con los nacionalistas. Entonces fue el presidente del PP canario quien los ridiculizó con un SMS que decía: "María, he recibido tu ponencia. ¡Arriba España!". Aunque siendo el principal responsable del errático giro emprendido por su partido desde el Congreso de Valencia, no tenemos demasiadas esperanzas.


 

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