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EDITORIAL

El timo de las renovables

Nos encontramos ante un timo. El Gobierno puso un cebo de rentabilidad fácil y muchos picaron, sabiendo que se aprovechaban de un Ejecutivo dispuesto a los más absurdos extremos con tal de colocarse una medallita verde.

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Siempre se ha dicho que los mejores timos son aquellos en que se hace creer a la víctima que es ella la que se está aprovechando del timador. Así sucede con los grandes clásicos del género, de la estampita al tocomocho, hasta la elaborada trama de la película El golpe. Es por eso que el aspirante a pícaro se arriesga y pica, porque espera una ganancia mucho mayor; también es la razón por la que frecuentemente los timadores reciban mayor simpatía que otros delincuentes y sus víctimas menos apoyo. Al fin y al cabo, en cierto modo han colaborado en su ruina queriendo aprovecharse de otros.

Las energías renovables de moda, la solar fotovoltaica y la eólica, no son rentables a su nivel actual de desarrollo tecnológico. Para que a los inversores les resulte rentable, el Gobierno tiene que poner de su parte. Es decir, de la nuestra. De modo que empresas y particulares, respaldados por los bancos, se lanzaron a cubrir nuestra geografía de molinos de viento y placas de silicio, seguros de que el Gobierno, socialista para más señas, cumpliría sus propias leyes y pagaría las primas a las que se había comprometido.

Pero ha llegado la crisis y los de Zapatero deben recortar gastos. Así que el ministro Sebastián ha ejecutado el segundo tijeretazo en un mes a las primas que se pagan a las renovables. Y además de otros costes que impone a las compañías eléctricas les obliga a pagar programas como el de las bombillitas del ministro, uno de los más inútiles dispendios que ha llevado a cabo el Gobierno socialista, que ya es decir.

Jamás debería haberse pagado un duro por generar energía del modo que más le placía al Gobierno. Han de ser los ciudadanos quienes, en un mercado libre, decidan si quieren pagar más a cambio de energías que consideren más limpias. Pero una vez que se ha hecho, recortar esas promesas puestas negro sobre blanco en una ley es injusto y no sería extraño que los tribunales lo echaran abajo. Además, las nuevas instalaciones renovables seguirán recibiendo primas. ¿No hubiera sido más lógico empezar por eliminar todo tipo de ayudas a quienes quieran subirse al carro antes de recortar las que ya se habían comprometido?

Nos encontramos, sin duda, ante un timo. El Gobierno puso un cebo de rentabilidad fácil y muchos picaron, sabiendo que se aprovechaban de un Ejecutivo dispuesto a los más absurdos extremos con tal de colocarse una medallita verde, y creyendo que el Estado cumpliría sus promesas. Ahora Zapatero y los suyos ya tienen lo que querían: una cantidad de potencia instalada a todas luces excesiva, y han decidido no pagarla. Pero el problema es que quienes más han perdido no han sido quienes han invertido en energías renovables, sino los ciudadanos que les hemos pagado las ayudas y seguiremos haciéndolo durante años, aunque sea en menor medida. Los contribuyentes somos los verdaderos timados. Para variar.


 

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