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EDITORIAL

Europa se resigna a la llegada de Zapatero

Los medios de comunicación europeos más importantes ya han dejado claro lo inoportuno de que el presidente que ha demostrado una mayor torpeza en el tratamiento de la crisis lidere la Unión.

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Es difícil encontrar un político menos apropiado para presidir una institución internacional seria que José Luis Rodríguez Zapatero, pero como la Unión Europea es cualquier cosa menos un dechado de sensatez, la presidencia española de este semestre tal vez sea un elemento que no desentone demasiado en el paisaje bruselense.

Las instituciones europeas, cuya única utilidad conocida es dar cobijo, sueldo y gabelas a la clase política amortizada en sus respectivos países, son vistas con recelo por unos ciudadanos europeos a los que resulta difícil identificarse con los principios y objetivos que la Unión Europea dice perseguir. Europa es un ente político sin personalidad propia, como lo acredita el hecho de que en muy raras ocasiones ha conseguido establecer una posición común en materia internacional. Aún en el hipotético caso de que la UE hiciera escucharse con una única voz el resultado no hubiera sido muy distinto, porque de sobra es conocido que la opinión de la Unión Europea como entidad sociopolítica apenas cuenta en la agenda internacional, al contrario de algunos de sus países miembros que, a diferencia de España con Zapatero, sí han sabido ocupar el lugar que les corresponde en la escena mundial.

En esta tesitura llega a la presidencia de la entelequia europea un personaje como Zapatero, cuya biografía política como gobernante es una mezcla abigarrada de despropósitos en materia económica, radicalismo intervencionista en lo social y sectarismo extremo en sus relaciones internacionales. Es lógico, por tanto, que la opinión pública europea no espere nada de la presidencia española, especialmente cuando el principal objetivo declarado de los países miembros es la recuperación económica de la eurozona y nuestro novato presidente semestral dirige un país que figura como líder destacadísimo en destrucción de empleo, con una economía tan hundida que va a ser de las últimas en salir de la crisis.

Con esta tarjeta de visita es fácil imaginar con qué interés van a escuchar el resto de países los consejos de Zapatero para gestionar la economía común. Los medios de comunicación europeos más importantes ya han dejado claro lo inoportuno de que el presidente que ha demostrado una mayor torpeza en el tratamiento de la crisis lidere la Unión, si bien es cierto que la capacidad de Zapatero para torpedear la recuperación económica de la eurozona va a ser muy limitada por el propio funcionamiento de las instituciones continentales desde la entrada en vigor del tratado de Lisboa. Con un presidente estable del Consejo de Ministros europeo, el belga Van Rompuy, y la británica Catherin Ashton al frente de las relaciones exteriores, las posibilidades de Zapatero y Moratinos de imprimir su particular sello al funcionamiento de las instituciones europeas van a ser más restringidas de lo que ambos pretenden hacer creer a la opinión pública española.

En todo caso, puesto que la presidencia europea no va a ser más que un aliciente descafeinado para maquillar la imagen desastrosa de Zapatero dentro de España, hasta será bueno para nuestro presidente que su labor en la Unión Europea sea poco más que decorativa, porque de esta forma podrá disponer de tiempo suficiente para seguir ocupándose de los problemas de los españoles. Para agravarlos, queremos decir, que es, hasta la fecha, la tónica general de la legislatura más nefasta en todos los órdenes que ha padecido España desde la llegada de la democracia. 


 

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