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Golpe en Turquía: 'cui prodest'?

La supuesta víctima, el islamista Recep Tayyip Erdogan, se muestra exultante y ha ordenado una purga a gran escala.

EDITORIAL
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El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan | EFE

Cada vez está más claro que buena parte de lo que rodea la intentona golpista del pasado viernes en Turquía es muy confuso, empezando por el comportamiento de los propios golpistas, que, sorprendentemente acéfalos, se volcaron en hacer llamativas puestas en escena en Estambul en vez de tomar los centros neurálgicos del poder y, sobre todo, capturar al presidente al que pretendían derrocar, que se encontraba en situación harto vulnerable, en una localidad veraniega del Egeo.

El momento elegido también ha llamado poderosamente la atención: a los pocos días de que Turquía e Israel normalizaran relaciones, que habían colapsado a raíz del incidente del Mavi Marmara (2010), y cuando Ankara y Moscú se encuentran en pleno proceso de aproximación, tras la tremenda tensión que ha venido generando en sus relaciones bilaterales el derribo de un caza ruso implicado en la guerra siria por parte del Ejército turco (noviembre 2015). No parece, ciertamente, el momento más oportuno para acometer una empresa así. Sobre todo si se tiene en cuenta además que las Fuerzas Armadas turcas están volcadas en la rediviva guerra contra los kurdos y en que la guerra civil siria no acabe por extenderse al territorio turco.

Igualmente ha provocado sorpresa la aparente incompetencia de los golpistas, que enseguida se vinieron abajo y acabaron siendo objeto de humillación por parte de los elementos civiles que salieron a las calles para plantarles cara.

A estas alturas, no hay duda de que el golpe, lejos de alcanzar su pretendido objetivo, es decir, acabar con la vida política de Erdogan, ha tenido por consecuencia el reforzamiento de la posición del controvertido mandatario islamista, que, lejos de conmocionado por los acontecimientos, en los que han perdido la vida 300 turcos, parece exultante. De hecho, ha llegado a asegurar que la intentona ha sido una "bendición de Dios" que le va a permitir purgar el Ejército. De nuevo.

No tardó ni 24 horas el supuesto objeto principal del golpe en contragolpear ordenando una gran purga ya no en el estamento militar sino, estupefacientemente, en el judicial, que está teniendo por víctimas a miles de jueces. Los detenidos en la gran batida post golpe son más de 6.000, y Erdogan ha ido tan lejos como para abogar por la restauración de la pena de muerte, abolida en Turquía desde 2004 (era uno de los requisitos que se exigió a Ankara para iniciar conversaciones sobre su hipotético ingreso en la Unión Europea).

Ojalá podamos saber cuanto antes más cosas sobre este golpe extraño, aunque no será fácil, dada la presión brutal que ejerce el régimen erdoganita sobre la prensa (Turquía es uno de los países que más reprime a la prensa, según Reporteros Sin Fronteras). Sea como fuere, cabe ir haciéndose una composición de lugar respondiendo el célebre cui prodest latino. ¿A quién han beneficiado los sangrientos sucesos de la noche del viernes? No, ciertamente, a los golpistas, y tampoco a los militares en su conjunto, aunque dieron abrumadoramente la espalda a la intentona. En cambio, la aparente víctima del mismo, Recep Tayyip Erdogan, parece tener mucho más expedito el camino a su gran meta: transformar el régimen parlamentario turco en otro de tipo presidencialista; pero no como el que rige en EEUU, sino, más bien, semejante al que ha instaurado en Rusia el siniestro Vladímir Putin, otro formidable liberticida.

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