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EDITORIAL

Gripe porcina: prevención sí, alarmismo no

A diferencia de otras enfermedades, la gripe porcina tiene cura. Esto es algo que ha de tenerse muy presente para conjurar el alarmismo que se ha generado en torno a este tema.

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La confirmación del primer caso de gripe porcina en Europa, detectado en la localidad albaceteña de Almansa, ha hecho saltar todas las alarmas sanitarias y ha llevado la epidemia de gripe –hasta ayer recluida al ámbito americano– a las portadas de los periódicos de todo el mundo. No es la primera vez que se dan brotes de gripe como el actual y, con toda seguridad, no será la última. De cuando en cuando ciertas cepas de gripe saltan de los animales a los seres humanos y ponen en jaque a toda la profesión médica.

En este, como en otros episodios similares ocurridos en el pasado, identificar el virus que causa esta variedad de gripe ha sido la clave que permitirá a los médicos combatirlo eficazmente. Ya sabemos cuál es el virus, de dónde proviene y cómo debe tratarse. Porque, a diferencia de otras enfermedades, la gripe porcina tiene cura. Esto es algo que ha de tenerse muy presente para conjurar el alarmismo que se ha generado en torno a este tema. Las autoridades sanitarias disponen de los medios para enfrentar una epidemia como esta y la sanidad española está sobradamente dotada para atender a todos los afectados.

Esto no debe, sin embargo, ir en detrimento de la obligada prevención en circunstancias como las actuales, con un caso confirmado y otros tantos repartidos por toda la geografía española, a la espera de la confirmación definitiva. El Ministerio de Sanidad y las consejerías del ramo en las Comunidades Autónomas deben extremar la precaución y tomarse muy en serio la epidemia de gripe poniendo a disposición de los ciudadanos toda la información necesaria para evitar que siga extendiéndose y que, al tiempo, acabe con la rumorología popular sobre una enfermedad que, al menos desde el punto de vista sanitario, está bajo control.

Lo que no debería hacer el Gobierno, sin embargo, es extralimitarse en sus funciones dando pábulo al alarmismo a través de medidas políticas que en poco o en nada contribuirán a frenar el avance de la epidemia en su estado actual. En el mundo en el que vivimos las enfermedades también se han globalizado. Esta es ya una realidad que los gobiernos deben aprender a gestionar eficientemente combinando en equilibrio la prevención y los recursos sanitarios.

Cerrar las fronteras o aprovechar la coyuntura como excusa para implantar el proteccionismo económico sería un error de grandes dimensiones que no tardaría en pasar factura, esta vez sobre las posibilidades de recuperación frente a la crisis. Una enfermedad no puede separarnos del resto del mundo, y tratar de levantar muros para evitar potenciales contagios se ha demostrado del todo inútil en pasadas epidemias globales. Las medidas de prevención en aeropuertos y otros puntos de entrada al país son bienvenidas siempre y cuando no vayan acompañadas de un programa de control exhaustivo o de trabas al comercio. Eso agravaría la otra gripe, la que padece la economía mundial desde hace un año, y para esa los Estados no han encontrado aún la cura.


 

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