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EDITORIAL

Homenaje con polémica

Los asesinos que sembraron Madrid de muerte y oprobio el 11 de marzo de 2004 iban a por todos, todos por lo tanto debemos recordar a los que murieron.

EDITORIAL
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Cuando falta apenas una semana para que se cumpla un año de los brutales atentados de Atocha, la Asociación de Víctimas del 11-M ha vuelto a sembrar la discordia y a convertirse en protagonista de una nueva polémica. Al hilo de los diferentes actos programados para conmemorar el trágico suceso Pilar Manjón, presidenta de la Asociación, se ha desmarcado remitiendo todo homenaje al concierto que la propia Asociación tiene previsto celebrar el jueves por la noche.
 
Los actos, preparados desde distintas instancias con la delicadeza que requiere la ocasión, son variados y tienen como protagonista el silencio. El Ayuntamiento de la capital ha convocado un pleno extraordinario el día 11 y destacará a todos los concejales de la corporación en los lugares donde estallaron las bombas. La Comunidad de Madrid ha llegado a un acuerdo con el Arzobispado para que todas las campanas de la Comunidad suenen al unísono a la hora en que comenzó la matanza, a las 7:37 de la mañana. El acto final será una sencilla ceremonia en el parque de El Retiro que contará con la presencia de sus Majestades los Reyes y con los presidentes del Gobierno y de las dos cámaras legislativas. En El Retiro los Reyes inaugurarán el jardín de los ausentes, un monumento a las víctimas de la masacre para que permanezcan por siempre en la memoria de todos los madrileños.
 
Pues bien, todo esto, a Manjón, le parece mal. Cuestiona la presidenta de la Asociación favorita de Peces Barba la necesidad de recordar a los familiares de las víctimas el momento exacto en que murieron sus seres queridos. Cuestiona asimismo Pilar Manjón el porqué nadie se ha ocupado de consultar a su Asociación el tañido de las campanas que ha preparado la Comunidad de Madrid. Parece que la señora Manjón se ha empeñado en patrimonializar una causa que pertenece a todos los madrileños, a todos los españoles y, en definitiva, a todas las personas de bien. Comprendemos y respetamos el dolor de la pérdida de un hijo, y más cuando esa pérdida se debe a un atentado terrorista, sin embargo, la señora Manjón haría bien en replantearse su permanente actitud provocadora y, ya de paso, sería conveniente que hiciese por refrescar la memoria.
 
Porque después de la tragedia se dijo desde su Asociación que cualquiera podía haber ido en aquellos trenes, que todos íbamos en aquellos trenes, que, en suma, el terror se cebó sobre toda la comunidad ciega e indiscriminadamente. Si esto es así, y Manjón no ha perdido oportunidad de recordarlo, las víctimas son de todos y todos tenemos el derecho, y acaso el deber, de recordarlas, de conmemorar el día de su fatídica muerte y de presentar ante su monumento nuestro más sentido homenaje. Los actos del próximo viernes son eso mismo, son la ciudad de Madrid y sus gentes sobreponiéndose un año después de la peor masacre terrorista de su historia. Los asesinos que sembraron Madrid de muerte y oprobio el 11 de marzo de 2004 iban a por todos, todos por lo tanto debemos recordar a los que murieron.
 
El problema reside no tanto en los familiares de las víctimas del 11-M sino en su presidenta, que se ha erigido en una suerte de madre coraje del terrorismo alineada sin fisuras con los postulados del Gobierno socialista. No es casual que, durante la Comisión de Investigación, la postura de Manjón fuese una prolongación de la que los diputados socialistas mantuvieron durante las comparecencias parlamentarias. Tampoco lo es que desde entonces la Asociación de víctimas que preside haya mantenido una inexplicable lejanía con la AVT y, en cambio, una sospechosa cercanía con el Alto Comisionado elegido por Zapatero casualmente el día después de que Manjón se pronunciase ante la Comisión. Si bien es cierto que desde el Gobierno se está utilizando a las víctimas del terrorismo con fines políticos, no lo es menos que Manjón se está dejando utilizar de un modo vergonzoso.
 
El próximo viernes, por encima de la polémica y de lo que Manjón considere necesario, los madrileños podrán homenajear a las víctimas del peor atentado de su historia. Las campanas tañerán en las 650 iglesias madrileñas y los Reyes inaugurarán un jardín que habrá de convertirse en lugar de obligado peregrinaje para todos los que, en silencio, quieran dedicar un pensamiento a los que la sinrazón terrorista arrancó la vida en un tren aquel aciago día de marzo.      

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