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EDITORIAL

Homenajes a las víctimas y diálogo con los verdugos

Para lo que no deben de servir ni los homenajes, ni las palabras de reconocimiento ni las indemnizaciones a las víctimas es para encubrir vías de apaciguamiento que, al margen del estado de derecho, traten de restablecer el diálogo con ETA y su entorno.

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Bien están los solemnes actos de homenaje a las víctimas del terrorismo, como el que este domingo ha presidido el Rey en el Congreso de los Diputados. Bien está que se destaque, tal y como ha hecho Don Juan Carlos, el "referente cívico" y el "símbolo de la firmeza de nuestro compromiso con la democracia y la libertad" que constituyen todos aquellos que han sufrido el zarpazo del terror. Bien está que se mejoren las indemnizaciones, tal y como contempla la nueva ley de víctimas del terrorismo que se presentará próximamente como proposición de ley en el Congreso. Sin embargo, para lo que no deben de servir ni los homenajes, ni las palabras de reconocimiento ni las indemnizaciones a las víctimas es para encubrir vías de apaciguamiento que, al margen del estado de derecho, traten de restablecer el diálogo con ETA y con su entorno.

Que destacados dirigentes socialistas mantienen contactos con el entorno etarra, ya no es algo que denunciemos algunos medios de comunicación. Es algo que reconoce abiertamente el mundo proetarra, a través de Gara, o el propio Eguiguren, quien con razón señala que su conocimiento de ese mundo no le viene por "inspiración divina". En lo que miente el presidente del PSE es en tratar esos contactos como si fueran contactos causales, "gente de HB que me para en la calle y me dice", cuando lo cierto es que esos encuentros se están llevando al máximo nivel en París y Guipúzcoa.

Otro cosa que no puede quedar encubierto ni con homenajes ni con llamadas a la unidad de los demócratas es la relajación en la política penitenciaria, de las que se están beneficiando personajes clave en ese proceso de negociación como Diaz Usabiaga. 

No menos alarmante es la pasividad del Gobierno ante las maniobras de los proetarras para burlar la Ley de Partidos a través de un matrimonio de conveniencia con la casi extinta Eusko Alkartasuna. En lugar de haber hecho una seria advertencia a estos compañeros de viaje de ETA, que ya lo fueron en Estella, o de haber instado, a través de la Fiscalía, diligencias por un posible delito de enaltecimiento del terrorismo por haber denominado "presos políticos" a los terroristas en prisión, el Gobierno de Zapatero se limita a destacar que "EA es un partido con una historia democrática impecable". Eso, y disimular con supuestas "mejoras" de la Ley de Partidos, cuando no es ningún resquicio legal sino la falta de voluntad política lo que permitió en el pasado a los proetarras burlar la ley y colarse nuevamente en las instituciones.

Es esa falta de voluntad política de llevar a ETA hasta la extinción y la derrota lo que nuevamente se detecta en un Gobierno que no termina de repudiar el contraproducente "final dialogado de la violencia". Y esa falta de voluntad política por hacer perder a ETA toda esperanza es lo que no pueden encubrir los homenajes, ni las indemnizaciones ni las buenas palabras. La memoria, la dignidad y la justicia que merecen las victimas es otra cosa.


 

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