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EDITORIAL

Ibarreche, impasible el ademán, hace sonar su disco rayado

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Lo daba esta mañana Libertad Digital en portada: “Ibarreche pidió a Zapatero la legalización de Batasuna y el acercamiento de los presos etarras”. Al poco nuestra Bitácora se hizo eco inmediato de la noticia: Ibarreche “nos ha dejado dos consignas que son demasiado familiares para los enemigos de la libertad, y demasiado dolorosas para los que creemos en ella y nos jugamos el pellejo en su defensa”.
 
Efectivamente, del norte vuelven a bajar nubarrones, y no precisamente por una borrasca situada sobre la cornisa cantábrica. El presidente del Gobierno de Vitoria se desayunó ayer en su habitual estilo jesuítico e insípido ante los micrófonos de Radio Euskadi, la emisora del pesebre nacionalista abierta las 24 horas para servir de tribuna privilegiada al lehendakari y los miembros de su Ejecutivo.
 
La visita a Moncloa del pasado lunes, en un ambiente de desaforado optimismo, no ha servido de nada. Tres horas estériles de las que todo lo que se obtuvo fue una almibarada rueda de prensa en la que Ibarreche, arrullado por la sonrisa zapateril y embriagado de talante, aseguró que estaba dispuesto a “participar en un proyecto común de Estado”. Se le olvidó recordar que ese “proyecto común” dependerá única y exclusivamente de los criterios fijados por la intelligentsia nacionalista, transmutada como por ensalmo en los “deseos de la sociedad vasca”.
 
Es el cuento de siempre, el peculiar concepto que los herederos políticos de Sabino Arana tienen del diálogo, es decir, un eterno monólogo en el que apenas cambian las formas y los adjetivos utilizados. Mientras los del pasamontañas hablan de “ocupación de Euska Herria” Ibarreche se decanta por los “problemas de convivencia Euskadi-España”. El mismo gato con collar de terciopelo.
 
De las exigencias del bautizado, en un redondo eufemismo, como “entorno abertzale” a las del Gobierno vasco el trecho es corto, casi inapreciable. Los cofrades del prófugo Ternera lo gritan en batúa de ikastola, lo pasean por las calles y lo exponen en algunos balcones, por fortuna cada vez menos. El Euskal presoak, Euskal herrira se convierte en un esponjoso “acercamiento de los presos a las cárceles vascas” en boca del presidente de los vascos y las vascas. Dicho así parece que los presos lo son en un país extranjero y que su condición se la han ganado por algún motivo misterioso e indudablemente inmerecido.
 
Los presos etarras, que son a los que se refería Ibarreche ayer, son terroristas juzgados y condenados con todas las garantías por tribunales de una nación europea, avanzada y seria. Muchos de ellos, además, se ven entre rejas por delitos de sangre o por masacres como las perpetradas años ha en casas cuartel de la Guardia Civil o en el Hipercor de Barcelona. De ningún modo se trata de presos políticos, como quieren hacer ver desde ese “entorno abertzale”, es decir, patriota, al que pertenece tanto el PNV como toda la galería de partidos nacionalistas.
 
Otra de las condiciones sine qua non para iniciar el “diálogo”, forma peneuvesa del monólogo, es la vuelta a la legalidad de Batasuna. Siguen denunciando aquí, allí y donde tengan oportunidad de expresarse que la ilegalización de Batasuna se debió a razones políticas, y que en el fondo es una “ilegalización de las ideas”. Ninguna idea por suerte está ilegalizada en España. Batasuna fue puesta al margen de la ley no por las ideas que profesaba, ni por sus objetivos últimos –muy parecidos, por lo demás, a los que persigue el partido de Arzallus–, sino por su implicación judicialmente demostrada en el apoyo y sustento de actividades terroristas. Cualquiera en el País Vasco, en Navarra o en Tierra de Barros puede ser independentista, eso no es ilegal. Lo ilegal es jalear primero y financiar después a una banda asesina, del signo político que sea. Algo tan sencillo a Ibarreche aún no le ha entrado en la cabeza.
 
Por de pronto Zapatero no ha pedido personalmente al díscolo presidente regional que retire su plan delirante. Después del verano, con el 11-M ya suficientemente alejado para volver por donde solía, no nos va a quedar otra que aguantar por enésima vez como los chicos de la Sabin Etxea ponen en la gramola nacional su fastidioso disco rayado, tan rayado que España entera está hastiada de escucharlo.

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