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EDITORIAL

Kosovo: una retirada al estilo Zapatero

Parece que Zapatero quiere continuar con la misma línea que han seguido todas sus decisiones en política exterior desde que llegó a Moncloa. Para él, las relaciones internacionales son una manera de predicar su ideología sectaria y de ganar votos.

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No será Libertad Digital quien critique la decisión de retirar a nuestras tropas de Kosovo. Como ya explicáramos en su momento, carecía de sentido que España rechazara la declaración unilateral de independencia de Kosovo mientras contribuía de hecho con sus soldados a que el nuevo Estado tomara cuerpo. La misión, lejos de "estar cumplida" como asegura Chacón, ha fracasado miserablemente al más puro estilo de la ONU, porque teniendo la obligación de mantener el orden su inoperancia ha provocado que la mayoría de los serbios abandonen la región.

Era evidente que la presencia española en Kosovo había dejado de tener sentido; el problema es que esto es así desde el 18 de febrero de 2008, hace ya más de un año. Una retirada entonces habría sido entendida por todos, incluyendo los demás países con presencia militar en la zona, como una forma unilateral de expresar el desacuerdo con los no menos unilaterales reconocimientos de la independencia de Kosovo realizados por Estados Unidos, Francia y la mayor parte de la Unión Europea. Pero entonces se decidió dejar pasar el momento en que habría sido lógico y comprensible este movimiento.

Además, para echar leña al fuego, la retirada ha sido anunciada en un viaje de la ministra de Defensa al lugar, sin advertir antes a los demás aliados que forman la misión de la OTAN en la zona. Así, se vuelve a repetir el error de Irak. La irritación que provocó Zapatero a la anterior administración de Estados Unidos no fue tanto la decisión de retirar las tropas como la manera en que se hizo, atropelladamente y sin contar con los aliados, amén de las palabras del presidente del Gobierno animando a otros países a hacer lo mismo.

Parece que Zapatero quiere continuar con la misma línea que han seguido todas sus decisiones en política exterior desde que llegó a Moncloa. Para él, las relaciones internacionales son principalmente una manera de predicar su ideología sectaria y una forma de ganar votos. Así, todo lo que ha hecho ha de interpretarse en clave interna. Los acercamientos a dictaduras bananeras y el alejamiento de Estados Unidos no son sino una forma de atraerse el voto de la izquierda más descerebrada. Las consecuencias para España son en esto lo de menos. Lo que importan son las próximas elecciones.

El Gobierno de Obama ya ha expresado su decepción por esta retirada. A estas alturas, por más que el Gobierno insista en que habían advertido a la OTAN "hace ya muchos meses", las críticas recibidas hacen concluir más bien lo contrario. Ahora que querían reconstruir las relaciones de España con Estados Unidos, porque ideológica y electoralmente resulta rentable hacerlo con una Administración de izquierdas en la Casa Blanca, la torpeza de Zapatero ha vuelto a perjudicar las opciones que tenía para lograrlo.

Por más tiempo que pase, no parece que los socialistas vayan a aprender a manejarse fuera de nuestras fronteras. Y es que, por muy mal ministro que haya sido y siga siéndolo en la actualidad, el problema de España no es Moratinos sino José Luis Rodríguez Zapatero.


 

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