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EDITORIAL

La degeneración del nacionalismo catalán

Los catalanes tienen ante sí una gran oportunidad para arrojarlo de una vez por todas al basurero de la Historia.

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Tal y como reporta Pablo Planas desde Barcelona, el expresidente de la Generalidad de Cataluña Artur Mas anda atareado en la fundación de un nuevo partido nacionalista, que incluso puede que lleve por nombre, precisa y estupefacientemente, Nou Partit. Partido que es de desear corra la misma suerte que su corrupto y tóxico predecesor, la Convergencia del propio Mas y del también descalificable Jordi Pujol, que está dando sus últimas boqueadas inmersa en el descrédito y siendo objeto de un muy merecido oprobio.

"Aspiramos a convertir Cataluña en el mejor país para vivir el sueño europeo de paz, prosperidad, bienestar, felicidad y libertad". Es muy grotesco, muy ridículo, muy indignante lo de la banda del sedicioso Mas, buenos sólo para lo malo, una suerte de reyes Midas de la devastación que todo lo que tocan arruinan, empezando por Cataluña y terminando por la terminal y muy divergente Convergencia. También en su tremendo debe hay que cargar la emergencia de la infame CUP o de sujetos tan impresentables como Oriol Junqueras y su semejante Rufián.

Desde que decidiera ser consecuente con su ideología aberrante y echarse al monte del secesionismo golpista, el nacionalismo catalán no ha hecho más que degenerar, entrar en una espiral de degradación que se lo está llevando por delante. Los catalanes tienen ante sí una gran oportunidad para arrojarlo de una vez por todas al basurero de la Historia. También aquí deben demostrar PP, Ciudadanos y PSOE que verdaderamente quieren lo mejor para España y, con todo el sentido de Estado, ponerse manos a la obra.

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