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EDITORIAL

La enésima traición de Rajoy a su electorado

Aparentemente, Educación para la Ciudadanía desaparece en la enseñanza primaria y secundaria, pero no es así. El proyecto de Rajoy consiste en camuflarla transversalmente bajo el pomposo nombre de "valores constitucionales" en todas las asignaturas.

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Hace sólo dos años, coincidiendo con la campaña electoral de las legislativas, Mariano Rajoy prometió durante un mitin que, si se alzaba con la victoria en la urnas, suprimiría en el acto "Educación para la Ciudadanía" (EpC), una asignatura que Zapatero se sacó de la chistera nada más ocupar la Moncloa y que está concebida para adoctrinar política y moralmente a niños y jóvenes. Contra ella llevan ya luchando varios años ciertas comunidades autónomas gobernadas por el PP y un amplio movimiento cívico que rechaza de plano cualquier intromisión del poder político en las cuestiones educativas que tocan con la moral.

El partido de Rajoy había hecho, con muy buen tino, de la oposición a esta controvertida asignatura una de sus banderas. En este campo, los populares tienen mucho que ganar y muy poco que perder. La educación en España está, literalmente, arrasada. Nuestros estudiantes figuran entre los peor cualificados de Europa y la disciplina académica, el mérito y el esfuerzo pasan por horas bajas. Dado que nadie desconoce que la educación necesita de reformas de gran calado, las quejas de Rajoy tenían un público muy agradecido dispuesto a entregarle el voto o, cuando menos, a tomar sus palabras como sensatas en el océano de necedad progresista en el que España se ha extraviado.

Ante un panorama educativo tan doliente, lo menos que necesitan nuestras escuelas es una dosis adicional de ideología. Hasta la fecha el Partido Popular parece que lo ha entendido así, porque ha sido el único que se ha opuesto frontalmente a este tipo de experimentos ideológico-morales dentro de los colegios. Ha tenido que pelear contra todo el arco parlamentario y contra una extraordinaria campaña mediática desatada por los satélites del Gobierno desde hace cuatro años. Por eso choca que, después de tan trabajosa lucha, se rinda ahora y acepte la mayor.

Porque, inútil sería engañarse, el programa educativo que ha presentado Rajoy en Toledo no es ni de lejos la liquidación de EpC, sino la misma EpC maquillada bajo otro nombre y aligerada de peso en los años infantiles, los mismos en los que el proyecto de Zapatero no apretaba demasiado el pistón. Aparentemente, en la enseñanza primaria y secundaria desaparece, pero no es así. El proyecto de Rajoy pasa por camuflarla transversalmente bajo el pomposo nombre de "valores constitucionales" en todas las asignaturas. En bachillerato la propuesta es recuperar la asignatura de Filosofía, inexplicablemente retirada de los planes de estudio, enriqueciéndola con más contenidos de valor constitucional.

Las dosis es prácticamente la misma pero distribuida de un modo más disimulado. El mal, por lo tanto, permanece intacto. Los estudiantes, ya sean de primaria, secundaria o bachillerato no deben recibir formación política en las aulas, materia que es de curso obligatorio en las dictaduras pero que no tiene cabida en un país libre donde todas las opiniones políticas, incluso las anticonstitucionales, son legítimas. Lo mismo puede decirse de las cuestiones de orden moral. El Estado no puede establecer una moral oficial que colisione con la moral privada de los individuos, la única válida. Hacer lo contrario, es decir, adoctrinar a los estudiantes en un paradigma político y moral concreto, es volver a la Formación del Espíritu Nacional que se estudiaba durante el franquismo.  

En definitiva: libertad, que es lo que Rajoy pedía en 2008 y que ahora, creyéndose heredero inmediato de la ruina que está dejando Zapatero, parece haber olvidado para auparse sobre una ola de pactismo y traición a sus bases con la que cree que podrá ganar las elecciones dentro de dos años. 


 

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