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EDITORIAL

La Fiesta de lo discutido y discutible

Lo lamentable es que por culpa de un Gobierno cainita e incompetente, que nos ha conducido a la mayor crisis institucional y económica que haya padecido España en su reciente historia, quede poco que festejar el día de nuestra, todavía, Fiesta Nacional.

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Se supone que el Día de la Hispanidad, Día del Pilar, debería de ser una jornada de celebración en la que los españoles festejáramos lo que nos une, también con el resto de los miembros de la comunidad hispana, y en la que el Ejército y nuestra bandera acapararan un lógico y merecido protagonismo. Tristemente, sin embargo, el auténtico protagonista en la celebración de nuestra Fiesta Nacional ha sido el clamoroso abucheo recibido por Zapatero –con seguridad el mayor que el presidente haya sufrido en todos sus años de Gobierno–, seguido de la no menos comentada ausencia del representante venezolano entre los abanderados de los nueve países de Hispanoamérica que cumplen el bicentenario de su independencia entre 2009 y 2011.

Respecto a lo primero, hay que empezar por señalar que lo auténticamente lamentable no son los pitidos y los reiterados gritos de dimisión dirigidos contra Zapatero, sino el desastroso balance de Gobierno que los ha provocado. Y es que por mucho que el Ministerio de Defensa haya atribuido indecentemente el abucheo a grupos organizados desde internet y ligados a la extrema derecha, las protestas de la gente entran lamentablemente en el terreno de lo normal, de lo lógico y de lo espontáneo, a la vista de un Gobierno que considera la nación como un "concepto discutido y discutible", que tiene como socios a quienes califican a la española como "la bandera del enemigo" o que ha impulsado la quiebra de nuestra nación como Estado de Derecho mediante estatutos soberanistas. Eso, por no hablar de una crisis económica a la que el Ejecutivo socialista no sabe hacer frente y que nos ha conducido a los cuatro millones y medio de parados.

A la vista de este panorama, considerar esta reacción de hartazgo y de protesta de la ciudadanía como una especie de conspiración de minorías altamente organizadas es tanto como negarse a ver la realidad. Aquí lo único organizado y premeditado han sido los esfuerzos del Gobierno por mantener a Zapatero lo más lejos posible de los espectadores del desfile, tratando estérilmente de que su presencia pasara desapercibida.

En cuanto a la ausencia del representante venezolano, parece que el embajador de ese país nos toma por tontos al darnos como excusa del plantón a una "indisposición" sobrevenida de su abanderado. Vamos, como si no hubiera en Madrid una sola persona, venezolana o no, que pudiera portar la bandera de ese país durante el desfile.

No vamos a negar que las protestas contra Zapatero se hubieran podido extender al paso de la bandera de un país cuyo gobierno acusa a nuestra policía de torturar a los etarras, que tiene entre sus altos funcionarios a uno de ellos o que ampara en su territorio las prácticas y entrenamientos de ETA y otras organizaciones terroristas como las FARC.

Sin embargo, ya sea una "espantada", ya sea un "plantón" o, más bien, ambas cosas a la vez, la bochornosa actitud del Gobierno venezolano no hace más que recordarnos las lamentables alianzas que, para desprestigio de España, mantiene Zapatero en el ámbito internacional. Al igual que a los socios nacionalistas del PSOE, a Hugo Chávez esto del 12 de Octubre y del Dia de la Hispanidad le suena a "genocidio" y "colonialismo", por lo que, al igual que ocurre con los nacionalistas, no nos tiene que sorprender su ausencia.

Lo que resulta lamentable, en definitiva, es que, por culpa de un Gobierno cainita e incompetente, que nos ha conducido a la mayor crisis económica, nacional e institucional que haya padecido España en nuestra historia democrática, quede poco que celebrar y festejar el día de nuestra, todavía, Fiesta Nacional.


 

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