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EDITORIAL

La Fiscalía desmonta el 'escándalo' con el que la izquierda y Casado trataron de destruir a Ayuso

Qué dos personajes, Casado y Egea: nadie les va a echar de menos; salvo, si acaso, sus semejantes de la izquierda ayusófoba.

El carpetazo de la Fiscalía a la investigación sobre el contrato sanitario suscrito por el hermano de Isabel Díaz Ayuso debería zanjar definitivamente el escándalo que la izquierda y la anterior dirección del PP utilizaron durante meses para tratar de acabar con la carrera política de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

El fiscal explica en su auto que "la investigación practicada no ha puesto de relieve elemento indiciario alguno de que D. Tomás Díaz Ayuso llevara a cabo actuaciones, diligencias o gestiones (…)" encaminadas "a conseguir un trato de favor para la empresa Priviet, ni siquiera que aportara a esta empresa algún contacto con funcionarios públicos (…)". Completadas las investigaciones, la Fiscalía descarta que se siguiera "un procedimiento distinto al legalmente previsto ni que se diera a esta empresa un trato de favor".

De las seis ofertas presentadas a la Comunidad de Madrid por el cliente de Tomás Díaz Ayuso, solo una fue aceptada, instruyéndose el expediente económico con todas las garantías jurídicas también en lo que "se refiere a la facturación, el pago y el cobro de la comisión", por lo que el fiscal concluye que "el procedimiento seguido debe calificarse de transparente".

Los contundentes razonamientos del escrito del Ministerio Público desmontan palabra por palabra las acusaciones con que la izquierda ha tratado de zaherir durante meses a la presidenta madrileña. Pero, sobre todo, dejan a Pablo Casado y a su esbirro Teodoro García Egea como dos vulgares chantajistas que, en lugar de defender a su compañera de los ataques injustos de sus rivales, aprovecharon el escándalo para tratar de extorsionarla y expulsarla de la vida pública.

El desaparecido Casado queda indefectiblemente marcado por las frases terribles que asestó a Ayuso para tratar de salvarse cuando se supo que el PP había intentado contratar detectives para espiar a la presidenta madrileña. En su huida hacia delante, cuando los barones del PP lo abandonaban y los afiliados se manifestaban a las puertas de la sede pidiendo su dimisión, Casado llegó a especular con la posibilidad de que el hermano de Ayuso fuera un testaferro de la presidenta, acusación inaudita que muestra no solo la bajeza y deslealtad del presidente de un partido con uno de sus principales activos, sino la catadura de un personaje que, junto a su escudero, recurrió a las tácticas más sucias para liquidar políticamente a una dirigente cuya gestión e imagen ponían aún más de relieve su terrible mediocridad.

Qué dos personajes. Nadie les va a echar de menos; salvo, si acaso, sus semejantes de la izquierda ayusófoba.

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