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EDITORIAL

La Historia de España, en la Red

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A partir del 1 de abril, más de 14 millones de documentos podrán ser consultados cómodamente desde los domicilios, los despachos, las aulas o los cibercafés; sin necesidad de desplazarse a Simancas, a Sevilla, a Madrid, a Barcelona, a Toledo, a Alcalá de Henares o a Salamanca. Y en breve, casi otros 16 millones de documentos, planos, mapas y fotografías procedentes del Archivo General de Simancas, del General de Indias, del Histórico Nacional, del de la Corona de Aragón, del General de la Administración y del de la Guerra Civil estarán a disposición de los internautas.

La ministra de Educación y Cultura, Pilar del Castillo, ha presentado el Proyecto Archivos Españoles en la Red (AER). Concebido hace cinco años con el objeto de “conseguir que los archivos españoles sean cada vez más un punto de referencia de escala internacional”, no cabe duda de que esta iniciativa del ministerio de Educación, además de ser una excelente herramienta para la difusión de la historia, la cultura y el idioma de España en todo el mundo, contribuirá notablemente, sin duda, a recuperar la auténtica memoria histórica de los españoles, sometida en los últimos tiempos a demasiadas manipulaciones políticas e ideológicas provenientes sobre todo de la izquierda y de los nacionalismos vasco y catalán. Y también, por supuesto, al desarrollo y la difusión de Internet en España.

Es una curiosa paradoja que hayan sido el ministerio de Hacienda, y el de Educación y Cultura con esta iniciativa, los sectores de la Administración que probablemente más han contribuido a la popularización de Internet; cuando en buena lógica el papel preponderante en esta labor tendría que haberlo desempeñado el ministerio de Ciencia y Tecnología. España ocupa el puesto 25 del mundo respecto a difusión de las nuevas tecnologías de la información. Y aun a pesar de las quejas de Piqué por la falta de contenidos en español (un 5 por ciento de la red), lo cierto es que la proporción de contenidos en español en relación con los internautas (ocupamos el penúltimo lugar de Europa, sólo por delante de Grecia) es superior a la de los países de nuestro entorno. Y lo será aún más después de la entrada en funcionamiento de AER.

El rotundo fracaso del programa “Internet para todos” –sólo se han formado 90.000 nuevos internautas del millón prometido por Anna Birulés– y su coste (5,5 millones de euros presupuestados para el primer año) contrasta agudamente con lo obtenido por Educación y Cultura en cinco años con sólo 9 millones de euros. Los responsables de Ciencia y Tecnología –en su mayoría ajenos al sector, como Borja Adsuara, abogado, ex director general para el Desarrollo de la Sociedad de la Información (con un presupuesto de 600 millones de euros), que tuvo el papel más destacado en la redacción de la LSSI y que hoy ocupa el cargo de director del Observatorio para la Sociedad de la Información, dependiente del ministerio–, han demostrado estar excesivamente preocupados por los aspectos comerciales, fiscales y penales relativos a la Red –la persecución a los cibercafés es un ejemplo–, y no tanto por promover la eficacia, la seguridad y la creación de contenidos en Internet.

A juzgar por la pobre gestión del departamento de Piqué –cuyas preocupaciones se centran hoy en la búsqueda de apoyos para su candidatura a la Generalitat–, hubiera sido más productivo dedicar el millonario presupuesto asignado al desarrollo de la “sociedad de la información” a dotar de ordenadores y conexiones a Internet a todas las bibliotecas públicas de España –donde podrían consultarse los documentos que volcará a la Red el ministerio de Educación y Cultura–, o incluso cumplir el compromiso de insertar publicidad institucional en los medios digitales, que crear, a raíz del fracaso, del plan “Internet para todos” una nueva “Comisión de Expertos de Internet” que siga estudiando la forma óptima de “alfabetizar” internautas; algo no muy complicado, pues en realidad, son las iniciativas como las del ministerio de Educación y Cultura las que finalmente crean interés y “afición” por la Red. Bastaría con que Ciencia y Tecnología dedicase su presupuesto a fomentarlas y publicitarlas.

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