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EDITORIAL

La izquierda corruptora y su 'sobrecogedor' movimiento LGTBI

La izquierda se sirve de sus organizaciones pantalla para imponer su agenda y amedrentar a sus rivales, que a sus ojos son más bien el enemigo.

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Grupos LGTBI de izquierda han emprendido una campaña para demandar al Gobierno un subsidio específico para su grey. Abierta la veda de la renta mínima universal, los grupos de presión vinculados a la izquierda compiten por sacar la mejor tajada presupuestaria, en un contexto económico auténticamente calamitoso.

La izquierda se sirve de sus sobrecogedoras organizaciones pantalla para imponer su agenda y amedrentar a sus rivales, que a sus ojos son más bien el enemigo. Enfrente, buena parte del centro y la derecha se somete con gran pusilanimidad y renuncia a librar una guerra, la cultural, que hace mucho dio por perdida.

Ahora bien, la izquierda siniestra puede morir de éxito en este ámbito, al haber abierto de par en par las puertas a la insensatez y a la corrupción caciquil de la sociedad. Así, y por poner un ejemplo, de bramar contra el supuesto menoscabo que sufriría la mujer por su condición sexual para así justificar sus leyes discriminatorias, inmorales y liberticidas, una parte no desdeñable de la izquierda ha dado un paso más allá para defender la inexistencia de la mujer como sujeto biológico.

En el Ministerio de Igualdad de la tan fanática como incompetente Irene Montero están impulsando una nueva revolución que dinamita el argumentario tradicional del feminismo de izquierdas. Y es que, si el sexo es una mera construcción sociológica y puede elegirse mediante un simple acto de autodeterminación, no hay razón para defender que la mujer está discriminada, y mucho menos en las sociedades opulentas occidentales.

Pero las cuitas internas de la izquierda macartista poco deben importar a la inmensa mayoría de los ciudadanos, que asumen con naturalidad las diferentes orientaciones sexuales de los individuos. Lo peor es que estos conflictos izquierdistas acaben saldándose con el establecimiento de subsidios absurdos concedidos sin las menores garantías a la mayor gloria del movimiento podemarra, que no ha venido a regenerar la vida democrática y social ni las instituciones sino a corromperlas de una vez por todas a fin de ejercer un control absoluto sobre ellas.

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