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EDITORIAL

La responsabilidad de Zapatero

De ser cierto que el PSOE ha pasado a actuar con responsabilidad en lo referente a la economía, ése sería su más llamativo bandazo con respecto a la trayectoria seguida desde que hace seis años accedió al Gobierno.

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El lado más populista de Zapatero, el que suele exhibir pletórico en Rodiezmo, volvió a emerger ayer domingo en Elche después del baño de realismo que tuvo que le habían dado al alimón Bruselas y el FMI. Ante los alcaldes socialistas a los que su errabunda política económica bien les podría costar el puesto en las elecciones del año que viene, el presidente del Gobierno proclamó que "¡Ni cambio ni bandazo, responsabilidad".

Desde luego, de ser cierto que el PSOE ha pasado a actuar con responsabilidad en lo referente a la economía, ése sería su más llamativo bandazo con respecto a la trayectoria seguida desde que hace seis años accedió al Gobierno.

Durante la época de aparente bonanza, toda la política económica de Zapatero consistió en conservar la herencia dejada por Aznar sin hacer frente a ninguno de los desequilibrios internos que ya desde 2003 empezaban a gestarse: crecimiento descontrolado del crédito dirigido hacia la construcción, burbuja en los precios de la vivienda, abultadísimo déficit exterior y creación de empleo concentrado en el ladrillo. Por su parte, una vez los problemas de la economía comenzaron a ser evidentes, primero se dedicó a negar la crisis para ganar los comicios de 2008 y posteriormente a implementar todo tipo de absurdas políticas keynesianas que sólo nos han hundido más en la depresión.

De ahí que resultaría todo un cambio que el PSOE comenzara a comportarse de manera responsable, aunque sólo fuera por órdenes de Merkel y Obama. Pero la responsabilidad va más allá de aprobar un plan de ajuste a modo de emergencia nacional. La economía española no se va a recuperar por el hecho de que Zapatero prometa –e incluso consiga– reducir en unos pocos puntos un déficit público que seguiría siendo gigantesco e insostenible. Se hace necesario un plan integral y coherente de actuaciones que, primero, ahonde en las reducciones del gasto; segundo, liberalice los mercados para que los factores productivos, sobre el factor trabajo, puedan recolocarse y volver a generar riqueza; y tercero, reestructure nuestro cada vez más debilitado sistema financiero, en especial por el eslabón débil de las cajas, de cuyos enormes problemas al parecer los políticos sólo toman conciencia cuando toca repartírselas o conforme van quebrando.

Hasta entonces Zapatero no será "responsable" en el sentido de actuar diligentemente, sino en el de estar obligado a responder ante la ciudadanía por el daño que les ha infligido. Cabría esperar que dada su probada incapacidad y manifiesto sectarismo para tomar las medidas adecuadas –que necesariamente pasan por dar más bandazos con respecto a todo el despliegue de decisiones adoptadas hasta la fecha– responda de inmediato ante las urnas: esto es, que permita a las víctimas de sus engaños y de sus intervenciones evaluar su gestión en unas elecciones en las que se pueda dar paso a quien sí esté dispuesto a encauzar el desnortado rumbo del país. Ésa sería la medida más responsable que podría tomar el principal responsable del calamitoso estado en el que se encuentra nuestra nación, nuestras instituciones y, también, nuestra economía.


 

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