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EDITORIAL

La revista que se secuestra los viernes

Si lo medimos por los resultados, no cabe duda de que quienes han ordenado el secuestro de El Jueves son mucho más culpables de "dañar el prestigio de la Corona" que la misma revista.

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La libertad de expresión es un derecho fundamental y, como tal, los límites que le marque la ley deben estar perfectamente tasados y limitados a la defensa de un derecho aún más importante, como pueda ser el de la vida. Así, en un país sin la larga historia de asesinatos y coacciones terroristas que España tiene a sus espaldas el delito de apología del terrorismo podría ser considerado una intromisión inaceptable en la libertad de decir y escribir lo que se quiera. Sin embargo, la violencia que se promueve por medio de ese tipo de declaraciones y proclamas es bien real, y la defensa de quienes la sufren o la pueden sufrir en el futuro es razón suficiente para que ese delito se persiga. Pero como cualquier actuación de los poderes públicos que afecte a derechos fundamentales, aquellas excepciones a la libre expresión deben estar muy bien justificadas y razonadas. No es éste el caso del secuestro solicitado por Conde Pumpido del último número de la revista El Jueves.

Según el auto del juez Del Olmo, la viñeta publicada en la portada de la edición secuestrada "resulta innecesaria y desproporcionada para la formación de la opinión pública". Pero lo que olvida el instructor del 11-M es que en ningún caso el objetivo de El Jueves es informar o formar a sus lectores. Es una revista satírica, humorística, una más dentro de la larga tradición de este tipo de publicaciones en España. Por más que sus valores estén en las antípodas de los que nosotros defendemos, no cabe duda de que sus viñetas están hechas para hacer reír y no para informar. Todos y cada uno de sus más de mil quinientos números son "innecesarios y desproporcionados" vistos desde esa óptica.

Además, la tardanza con que se ha solicitado esta medida, aún en el supuesto de que estuviera justificado el secuestro de esta publicación lo único que ha conseguido ha sido aumentar extraordinariamente la difusión y publicidad de la ofensa que se quiere perseguir. La televisión, la radio, los periódicos, los digitales; toda la prensa, y no sólo la española, se ha encargado de dar a conocer el contenido de una viñeta que, hasta este viernes al mediodía, era conocida casi en exclusiva por los lectores de El Jueves, una revista con un promedio de difusión de poco más de 70.000 y que llevaba unos años cayendo, lenta pero inexorablemente. Sin duda acabarán agradeciendo tanta publicidad gratuita.

Era tan evidente que ese iba a ser el resultado inevitable de esta medida que es difícil no pensar que ha sido algo buscado. El aprieto en que Conde Pumpido y Del Olmo han metido a la Casa Real es mayúsculo. La institución monárquica será vista por muchos como responsable de un ataque a la libertad de expresión y vista como retrógrada e intolerante. Si lo medimos por los resultados, no cabe duda de que quienes han ordenado el secuestro de El Jueves son mucho más culpables que la propia revista de "dañar el prestigio de la Corona", el delito del que acusan. Y que a estas alturas, con todo lo que ha avanzado la tecnología, el juez instructor del 11-M haya pedido la recogida del molde empleado para la impresión del número demuestra que no ha dedicado a este caso el celo y la prudencia debidos.

Ha querido la casualidad que esta decisión se haya tomado el mismo día en que hemos sabido que el Tribunal Supremo no ha considerado delictivo que el grupo Soziedad Alkoholika desee que los ertzaintzas exploten y se esparzan sus tripas. Sorprende la diferencia entre el trato que reciben unos y otros, especialmente cuando, desgraciadamente, sigue habiendo tantos dispuestos a llevar a la práctica las edificantes admoniciones del grupo vasco. La viñeta era de un mal gusto indudable y demuestra la escasa sutileza que siempre ha caracterizado el humor de El Jueves. Pero esas no son razones suficientes para perpetrar un ataque como éste al derecho fundamental de la libertad de expresión.


 

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