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La Unión Europea 'marca' a Israel

El pavoroso historial antisemita del Viejo Continente debería obligar a las instituciones comunitarias a ser muy sensibles con todo lo relacionado con el Estado judío.

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Mientras sus estructuras burocráticas no han dejado de crecer en las últimas décadas, y pese a haberse expandido hasta albergar 28 Estados, la Unión Europea es un actor cada vez menos relevante en la política internacional.

Una de las razones es que en contadas ocasiones logra articular posiciones comunes respecto a las grandes cuestiones. Lo peor es que, cuando sí lo logra, suele ser para mal, para impulsar políticas o medidas pésimas que, para colmo, suelen ir en contra de los propios intereses de la Unión.

Un excelente ejemplo son las actitudes habituales respecto a Israel y el conflicto israelo-palestino. Mientras que, por un lado, la UE pretende ser uno de los árbitros de esta complejísima disputa y contribuir activamente a su resolución, por el otro su vergonzoso seguidismo de las posiciones palestinas contribuye a irritar a Jerusalén y alienta a Mahmud Abás y compañía a que se mantengan en la insensatez y la incitación a la violencia, lo que repercute muy negativamente en todo el proceso. Esto, por no hablar del apoyo, a veces velado, a veces directo, que los terroristas islamistas de Hamás reciben de entidades europeas, lo que les hace más fácil detentar el poder en Gaza.

Las instrucciones para el etiquetado segregado de los productos israelíes elaborados más allá de la Línea Verde, en los territorios en disputa, son una muestra del intolerable doble rasero que aplica la UE al Estado judío. Única y exclusivamente al Estado judío, pese a que hay dos centenares de territorios que podrían ser susceptibles del mismo trato.

La parcialidad antiisraelí de la medida es patente, y descalifica a una Unión Europa que, para colmo, se ofrece como mediadora en el conflicto, conviene insistir en ello.

Por si no fuera suficientemente escandaloso, se trata de una medida que se ha dictado en medio de una formidable oleada de terror antijudío de la que es tremendamente responsable el liderazgo palestino, que no deja de agitar la calle con propaganda directamente judeófoba y demonizadora del Estado de Israel. La falta de sensibilidad, por decirlo suave, es inaudita; el mensaje que se lanza a los asesinos, terrorífico.

Más allá de que por ese camino no se llega a la supuestamente pretendida paz, el pavoroso historial antisemita del Viejo Continente debería obligar a las instituciones comunitarias a ser muy sensibles con todo lo relacionado con Israel; especialmente en lo relacionado con marcados que puedan servir de combustible a la sanguinaria judeofobia en curso y a la deslegitimación del único Estado judío del planeta.

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