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EDITORIAL

Las espadas siguen en alto

Es simplemente desolador que, como ya sucediera en agosto, el Gobierno cesante esté de brazos cruzados ante esta complejísima coyuntura y el candidato socialista sólo sepa amenazar a los inversores nacionales y extranjeros con subirles los impuestos.

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La crisis de confianza vuelve a extenderse por toda la economía mundial. El riesgo de caer en una nueva recesión y de que algunos países europeos no pueden hacer frente a sus deudas ha hundido las bolsas del continente y ha vuelto a disparar las primas de riesgo.

Después de una segunda quincena de agosto bastante más tranquila que la primera, gracias sobre todo a la masiva monetización de deuda acometida por el BCE, parece que las tensiones y los miedos resurgen en septiembre. No es de extrañar: en cuatro años, la economía mundal apenas ha corregido algunos de los muchos desajustes acumulados durante el falso boom económico anterior, mientras que los Gobiernos se han dedicado a dilapidar los escasísimos ahorros de los ciudadanos en proyectos que en nada han contribuido a afianzar la recuperación.

En medio de este colapso internacional de la confianza, nuestra economía se encuentra, desgraciadamente, en el pelotón de las que menor crédito merecen. No, desde luego, porque el sector privado, en especial el bancario, no haya hecho esfuerzos extraordinarios por sanearse, sino porque el sector público ha entorpecido todo lo que ha podido ese imprescindible proceso.

Y ahora, cuando un Ejecutivo responsable debería estar tomando medidas adicionales para que el pánico no nos engulla, lo único que adivina a prometer Rubalcaba son nuevos impuestos para los ricos. Como si esta retórica socialista de la lucha de clases fuera a prestar algún buen servicio a nuestra economía. Al revés, perseguir y penalizar el capital es perseguir y penalizar aquello que con más urgencia necesitamos ahora mismo: ahorro fresco para seguir saneando los bancos y las empresas, para crear nuevos modelos de negocio competitivos, para poder dar salida a todo el stock de viviendas, etc.

Es simplemente desolador que, como ya sucediera a comienzos de agosto, el Gobierno cesante esté de brazos cruzados ante esta complejísima coyuntura y el candidato socialista sólo sepa amenazar a los inversores nacionales y extranjeros con subirles los impuestos. Nuestra clase política, en especial la socialista, ha logrado ella solita que nadie confíe en nosotros. Y eso, ahora mismo, ns coloca al borde del abismo.


 

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