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EDITORIAL

Las universidades catalanas, focos de sectarismo violento

El hostigamiento de alumnos y profesores no separatistas es un clásico desde la escuela hasta los últimos niveles de la enseñanza en Cataluña.

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Mientras el Gobierno de España y los partidos constitucionalistas han dado pasos atrás en Cataluña tras el golpe de Estado, el separatismo ocupa el campo libre y asalta instituciones económicas y académicas en operaciones nada sutiles. Los independentistas ya no se conforman con la Administración y las escuelas. Las cámaras de comercio, no pocas entidades empresariales de primer nivel, organizaciones sociales y las universidades forman parte del entramado separatista, cuyo objetivo es nacionalizar y radicalizar la sociedad catalana para lograr la independencia a toda costa.

El dominio en los ámbitos educativos y académicos no sólo persigue la difusión de las patrañas separatistas y el discurso del odio a España, sino machacar a los disidentes. Es la esencia del nacionalismo catalán, forma parte de su código genético, el ejercicio de una presión y una violencia ambientales que en caso de no dar resultados adquiere formas más crudas. Lo ha podido comprobar el catedrático de Filosofía del Derecho Ricardo García Manrique, quien en una reunión del claustro de la Universidad de Barcelona fue increpado y tachado de "colono" y "fascista" por un supuesto colega, el doctor en Historia del Arte Carles Mancho.

El rector de la Universidad de Barcelona, Joan Guàrdia, es más conocido por su filiación separatista que por su actividad académica y dio prueba de ello en el grave incidente. Según Guàrdia, insultar a un profesor entra dentro de la "cortesía académica" siempre que el insultado sea un elemento distinguido por su desafección al nacionalismo. Es el caso de García Manrique, que forma parte de ese grupo de profesores y alumnos que se ha plantado ante el separatismo y pretende ejercer sus derechos y obligaciones en pie de igualdad.

Que haya sido tachado de "colono" muestra a las claras el sesgo racista, supremacista y xenófobo del separatismo, el odio y las ansias de eliminación del disidente con las que se manejan no sólo los dirigentes del proceso separatista sino quienes les dan cobertura en ámbitos como la Universidad, que debería estar libre del dogmatismo, el sectarismo y de toda clase de intransigencia, incluida y principalmente la nacionalista.

Los señalamientos en la Universidad no son nuevos. De hecho, el hostigamiento de alumnos y profesores no separatistas es un clásico desde la escuela hasta los últimos niveles de la enseñanza en Cataluña. Nunca se ha intentado poner remedio a esta situación. Ni tampoco se ha procurado, por ejemplo, que se cumplan las sentencias en materia lingüística. El separatismo hace y deshace a su antojo mientras el actual Gobierno cree detectar indicios de distensión y un nuevo afán de diálogo por parte del nacionalismo. Sí, un diálogo consistente en llamar "colono" a un catedrático por no ser separatista y no haber nacido en Cataluña. Un diálogo que consiste en que un separatista insulta y 180 profesores presentes callan porque están de acuerdo o porque tienen miedo y no quieren significarse. Un diálogo, en definitiva, que sólo persigue la sumisión de los no nacionalistas, privados hasta del derecho de que el Gobierno de España salga en su defensa.

En pocas horas, las entidades Universitarios por la Convivencia y Foro de Profesores han recogido más de 1.200 firmas de docentes, académicos e investigadores de toda España y el extranjero en apoyo de García Manrique. No es suficiente. Debería ser el Gobierno quien obligara al rector y a la Generalidad a procurar una verdadera y auténtica libertad en las universidades catalanas.

La noticia positiva es el auge de organizaciones como las citadas o S'ha Acabat, grupos de profesores y estudiantes que han decidido plantar cara y no callarse ante unos violentos que se distinguen porque reclaman para sí las etiquetas de cívicos y pacíficos. Sí, muy pacíficos siempre que se comulgue con sus ruedas de molino. Y el Gobierno, en vez de tomar nota de estas situaciones, se embarca en un diálogo bilateral con los separatistas que no hace sino envalentonarlos y permitir que se cronifiquen situaciones como la padecida por García Manrique.

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