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EDITORIAL

Lo del CIS es corrupción

Lo que están haciendo Sánchez y sus esbirros como Tezanos con el CIS y demás instituciones es una forma especialmente abyecta de corrupción.

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Atendiendo a los resultados que ha cosechado en prácticamente todas las convocatorias electorales de los últimos años, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), costeado por todos los españoles con sus desaforados impuestos, ya tendría una credibilidad más bien limitada.

Pero no se trata sólo de eso. Una encuesta puede diferir de otra por múltiples razones: pequeñas variaciones en la muestra o el método pueden llevar a diferencias sustanciales en el resultado final. Sin embargo, cuando un único sondeo nada a contracorriente de todos los demás y, sobre todo, de cualquier lógica política que no sea el interés de aquel que lo encarga, es bastante probable que la divergencia sea no de orden técnico sino político. De amaño político.

Para escándalo general entre la opinión pública y los medios no serviles al Gobierno, es a eso a lo que se dedica una institución que, aunque siempre se ha visto sometida a crítica por su enfeudamiento al gobernante de turno, nunca se había sumido en el descrédito en que la ha hundido el indeseable José Félix Tezanos. Afortunadamente, el descaro y la chapucería son tales que ya, más que indignación, los barómetros del CIS provocan carcajadas.

Ahora bien, que las trampas sean groseras e ineficaces no quita que el comportamiento de Tezanos no sea bochornoso y puede que hasta delictivo –a ver en qué queda la encomiable denuncia de Vox–. En cualquier caso, es groseramente inmoral, repugnantemente antidemocrático y propio de una república bananera o bolivariana.

Lo peor, no obstante, es que no se trata de una excepción sino de la norma: Pedro Sánchez y sus secuaces socialistas han ocupado las instituciones del Estado para ponerlas a su servicio. Lo han hecho con empresas públicas entregadas a amigos; con la Fiscalía General del Estado, ocupada por una perra de presa del sanchismo, y pretende hacerlo con los jueces. Todo aquello que toca lo pudre con una rapidez inusitada.

Lo que están haciendo Sánchez y sus esbirros como Tezanos con el CIS y demás instituciones es una forma especialmente abyecta de corrupción, apesta a totalitarismo del s. XXI y es peor para la democracia que los casos de corrupción económica que suelen copar las portadas de los medios de referencia; de referencia para los estudiosos de la desinformación.

El PSOE, partido corrupto por antonomasia (con permiso de la extinta CiU), está haciendo lo que suele pero en circunstancias especialmente dramáticas para la Nación, lo que hace que la amenaza que representa, junto con sus socios o aliados comunistas, golpistas y proterroristas, sea de una gravedad igualmente extraordinaria.

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