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EDITORIAL

Los brotes verdes del servilismo

No sólo no están apareciendo los primeros brotes verdes en la economía sino que, si el PSOE prosigue con este despropósito planificador, nunca llegarán a salir. Lo único que ofrecen los socialistas es pobreza y servilismo.

EDITORIAL
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No caben demasiadas dudas de que el Ejecutivo de Zapatero ha ido dando peligrosos bandazos en su política económica. Hemos pasado en apenas un año del negacionismo más estrecho de la crisis a la urgente necesidad de reestructurar por decreto toda la economía. Es decir, hemos pasado de jurar que la economía estaba en perfecto estado a reconocer que ha colapsado y que es imprescindible reconvertirla de inmediato.

El problema no es ya la incapacidad e inutilidad del Gobierno que tales contradicciones dejan entrever; en realidad, el mayor problema es que si bien existe una contradicción interna entre ambas proposiciones, ellas no entran en contradicción con la estrategia política del PSOE, a saber, conservar e incrementar su poder.

En efecto, negar la crisis económica era la pose necesaria para ganar las elecciones generales de 2008. Admitir, como criticaba el PP, que España se encontraba al borde de una recesión de proporciones desconocidas era reconocer que Zapatero no había hecho nada durante la legislatura anterior para evitarla y que, por tanto, era corresponsable –como ciertamente lo era– de la catástrofe hacia la que nos dirigíamos; es decir, la mentira les sirvió para conservar el poder político.

En cambio, repetir continuamente que la economía española debe reestructurarse para recuperar un mínimo bienestar material es la postura adecuada para justificar hoy un incremento del intervencionismo y de las competencias del Gobierno. Dado que es urgente un "cambio de modelo" se asume que el único agente capaz de implementarlo es el Estado; en otras palabras, el dramatismo les sirve de base para ampliar el poder político.

Sin embargo, si bien es verdad que España necesita realizar ajustes en su estructura productiva, no es cierto que necesite cualquier tipo de ajustes. La idea de que lo importante es el cambio y no el tipo de cambio les sirve para justificar las mayores estupideces; pero si además Zapatero está ideológicamente obsesionado con que este cambio se oriente por imperativo legal hacia el ecologismo subvencionado y hacia la preponderancia de los sindicatos en la vida social, las estupideces se convierten en estupideces peligrosas para nuestra libertad y nuestra prosperidad.

Y es que, por un lado, querer cambiar la economía por ley es un objetivo abocado al fracaso, tal y como ilustran las economías socialistas en su expresión más extrema o tal y como lo plasma, a menor escala, la propia Andalucía en la que Zapatero ha prometido implantar sus primeras ocurrencias dirigistas.

Pocos sistemas, si es que hay alguno, serán tan empobrecedores como el socialismo y precisamente socialismo es lo que nos está vendiendo el presidente del Gobierno. Sus apuestas personales, como la inversión en energías renovables, sólo han logrado encarecer la electricidad y restar competitividad a nuestro tejido industrial; no deja de resultar inquietante que lo único que sepa y quiera ofrecer a estas alturas sean fracasos garantizados. En medio de una crisis no parece que sea lo más recomendable debilitar aun mas la economía.

El cambio de modelo que necesita España debe venir por parte de la propia sociedad: empresarios, capitalistas y trabajadores deben recolocarse en aquellas actividades que ofrezcan unos mayores márgenes de beneficio (producir lo más urgentemente necesitado al menor coste posible), un proceso que, si pretende tener éxito, en ningún caso puede estar dirigido por la Administración.

Por otro lado, la pretensión de cambiar por ley el "modelo productivo" de España también implica riesgos considerables para la libertad. El poder cuasi absoluto que requiere tal objetivo constituye el caldo de cultivo perfecto para la corrupción y para que sean los propios socialistas quienes controlen los centros de decisión de este país. Sólo faltaría que el PSOE pudiera nombrar a dedo a los empresarios españoles y, por tanto, decidir quiénes pueden trabajar y en qué pueden hacerlo. De ahí a una completa dependencia de los ciudadanos de la clemencia socialista (y, por tanto, a una total sumisión) hay sólo un paso.

En definitiva, no sólo no están apareciendo los primeros brotes verdes en la economía sino que, si el PSOE prosigue con este despropósito planificador, nunca llegarán a salir. Lo único que ofrecen los socialistas es pobreza y servilismo.


 

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