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EDITORIAL

Los muertos de Pablo Iglesias

Si Iglesias tuviera un mínimo de decencia y, sobre todo, de sensatez, evitaría cuidadosamente aludir a lo ocurrido en las residencias ya no de Madrid sino de España entera.

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El odio de la izquierda a Isabel Díaz Ayuso es la mejor prueba de que la arrojada presidenta madrileña está realizando una labor muy meritoria. Sus atacantes no parecen tener escrúpulos y con frecuencia hozan en la charca infecta del juego sucio, como ha dejado claro el vicepresidente comunista Pablo Iglesias con sus palabras sobre las muertes por covid-19 en las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid.

Si Iglesias tuviera un mínimo de decencia y, sobre todo, de sensatez, evitaría cuidadosamente aludir a lo ocurrido en las residencias ya no de Madrid sino de España entera. En primer lugar, porque el Gobierno del que forma parte hizo caso omiso a las advertencias internacionales sobre la gravedad de la pandemia, lo que provocó decenas de miles de contagios y muertes. Después, porque su partido fue uno de los grandes incitadores a la participación en las pavorosamente letales manifestaciones del 8-M. Finalmente, Iglesias debería guardar silencio porque el 14 de marzo asumió por decreto del Consejo de Ministros el control y la gestión de todas las residencias de España, por lo que es el primer responsable del drama que se ha vivido en ellas.

Iglesias está arrojando sus muertos sobre las espaldas de Ayuso, demostrando una vez más que es capaz de las peores bajezas y que su forma de entender y practicar la política es profundamente inmoral. De ahí que tenga la desvergüenza de criticar a las autonomías que mejor han combatido el coronavirus (sin el material y los medios que el Gobierno tenía la obligación de proporcionarles) por ser de la oposición y acusarlas de haber cometido crímenes contra los ancianos a los que él, en su monstruosa incompetencia, dejó abandonados.

El comunista lenguaraz aprovechó una intervención en la televisión gubernamental para lanzar esas acusaciones sonrojantemente injustas. Pero más le valdría guardarse la verborrea para cuando los jueces lo llamen a declarar....

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