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EDITORIAL

Los patrióticos engaños de Zapatero

El optimismo ante los inversores no debe radicar en la distorsión de una realidad cuya gravedad esos empresarios, por cierto, conocen perfectamente, sino en presentar medidas que generen confianza de cara a afrontarla.

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Un día después de que el ministro Solbes reconociera que estamos inmersos en la mayor crisis desde que tiene uso de razón, Zapatero ha aprovechado su visita a Naciones Unidas para reunirse en Nueva York con directivos de multinacionales y bancos de inversión americanos en un acto organizado por la Cámara de Comercio de EE UU en España. Allí, el presidente del Gobierno ha hecho una descripción de la economía española tan delirante y edulcorada que ciertamente, de tomarla por cierta, podría causar envidia y temor a Italia, Francia y Alemania, tal y como Zapatero ha venido a afirmar.

Como la realidad, sin embargo, es que España está siendo el país de Europa que de forma más contundente está sufriendo la crisis, Zapatero ha tenido que recurrir de manera sistemática y grosera al engaño. Tal es el caso de alardear del "potencial crecimiento español", cuando hasta su ministro de Economía acaba de admitir la recesión a las que nos dirigimos; o el de sacar a relucir unas "cuentas públicas saneadas", un día después de que se hiciera público que agosto se ha cerrado, por tercer mes consecutivo, con déficit público.

En cuanto a la salud de nuestro mercado financiero, es cierto que la banca española ha tenido más fondos propios y computables, en promedio, que la de otros países desarrollados, y que, gracias a una mayor ortodoxia del Banco de España, ha sido más prudente a la hora de sacar activos fuera del balance vendiéndolos a terceros. Ahora bien, exagerar y decir que contamos con "el mercado financiero más sólido del mundo" es tanto como pasar por alto, entre otros, el hecho de que los créditos a los promotores inmobiliarios, tal y como denuncia el Informe Recarte, se han multiplicado por diez en ocho años, mientras que el "patrimonio neto" de nuestras instituciones financieras se ha multiplicado sólo por dos. Eso, por no hablar de noticias como la de que la morosidad ha crecido en un año en un 74 por ciento –con un crecimiento en el último mes equivalente al de los últimos cinco años–, o que el Euribor –índice al que están vinculados centenares de miles de créditos hipotecarios– se acaba de situar en el 5,45%, el nivel diario más alto de su historia.

Con un déficit exterior equivalente al 10% de nuestro PIB –ese sí que es el mayor del mundo– y la necesidad que tienen nuestros bancos y cajas de captar recursos fuera de nuestras fronteras, alardear de nuestro mercado financiero como el mejor del mundo es una broma de mal gusto.

Algunos podrán pensar, no obstante, que Zapatero tenía la obligación de transmitir optimismo ante los inversores y empresarios estadounidenses. Sin embargo, el optimismo no debe radicar en una distorsión de una realidad que esos empresarios, por cierto, conocen perfectamente, sino en presentar medidas que generen confianza de cara a afrontarla. Y ese es el drama: que como Zapatero no tiene medida alguna para salir cuanto antes de la crisis, su única forma de decir "algo bueno" que genere "confianza" es negar la realidad del problema.


 

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