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EDITORIAL

Los políticos se aprovechan de la crisis

Al final, lo único cierto de la medida de eliminar los refugios fiscales es que no tiene utilidad alguna para frenar la crisis económica, sino sólo para reducir las consecuencias de la irresponsabilidad de nuestros políticos.

EDITORIAL
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Dos mensajes han centrado la rueda de prensa de Zapatero tras la reunión del G-20: que se va a acabar con los paraísos fiscales y que –otra vez– la crisis tocará fondo, esta vez en el segundo semestre de este mismo año. ¿Tienen alguna relación ambos mensajes? Evidentemente, no.

La promesa de recuperación carece de base y es más que probable que siga el camino del resto de las predicciones económicas de Zapatero y Solbes, que suelen ser sustituidas por nuevas equivocaciones incluso antes de que sus errores originales sean arrollados por la realidad. Los economistas serios no se ponen de acuerdo en el número de años que España estará en el agujero, pero no hace falta poseer grandes conocimientos en la materia –basta un poco de memoria– para descartar a priori todo lo que diga José Luis "Dos Tardes" Zapatero.

Lo que es seguro es que las medidas aprobadas en el G-20 no van a servir para el objetivo que, se supone, había reunido a los líderes mundiales: acabar con la crisis. Las medidas más importantes que se han adoptado han sido el gasto de un billón de euros adicional a través del FMI, aparte de los cuatro ya comprometidos en los planes de "rescate" nacionales, y la grosera invasión de la soberanía de los pequeños países a los que  en España llamamos –mal– paraísos fiscales (tax heaven) y los anglosajones refugios fiscales (tax haven).

Sobre el renovado derroche poco se puede decir, salvo que tendrá la misma escasa utilidad que todo el dinero que llevan gastados los gobiernos de todo el mundo. Mayor novedad y mayor amenaza contra nuestras libertades es la promesa de acabar con el secreto bancario y los refugios fiscales.

Existen en el mundo, grosso modo, dos principales modelos económicos: el socialdemócrata, con altos impuestos y un Gobierno enorme que consume entre el 40% y el 50% del PIB, y el liberal, con obligaciones fiscales mucho más reducidas y un Estado más limitado. La mayor parte de los principales países del mundo siguen el primero, lo que ha provocado que muchos ciudadanos y empresas voten con los pies y huyan a naciones que les obliguen a pagar menos. Siguiendo el principio democrático que nuestros gobernantes aseguran obedecer, el mismo derecho debería tener un Gobierno de bajar los impuestos como lo tiene de subirlos. Pero eso, ay, pone un límite práctico a los políticos derrochadores, pues unos tributos demasiado altos llevan a escoger una alternativa a quienes más tienen que perder, si es que ésta existe. Así que eliminarla es imprescindible para sufragar los costosísimos planes que nuestros derrochadores gobiernos han puesto en marcha.

Zapatero se ha llenado la boca hablando de que la existencia de estos refugios indigna a los ciudadanos y que así se inaugura una nueva era en que la ética reinará en los mercados. Como siempre, palabras grandilocuentes sin relación alguna con la realidad. Si tan poco éticos son estos refugios fiscales, ¿cómo es que su Gobierno ha prometido una amnistía a quienes guardan su dinero en ellos si lo sacan para invertirlo en deuda pública? ¿Es acaso ético ese "perdón" selectivo?

Al final, lo único cierto de esta medida es que no tiene utilidad alguna para frenar la crisis económica, sino sólo para reducir las consecuencias de la irresponsabilidad de nuestros políticos. Naturalmente, la han adoptado todos juntos, sonrientes y hablando de que su reunión ha sido histórica. Como si la historia no hablara tanto de los buenos como de los malos.

Lo único positivo de esta cumbre no es lo que han hecho los políticos, sino lo que han dejado de hacer, como no caer en la trampa del proteccionismo. Pero incluso esta buena noticia es más apariencia que realidad, pues el nada sospechoso Banco Mundial ha alertado del aumento de barreras al comercio y la competencia internacionales desde que comenzó la crisis, y la campaña para "comprar americano" de Obama no augura que este proceso vaya a disminuir por muchas buenas palabras que se pronuncien en las cumbres.

En definitiva, los políticos se han reunido en Londres para aumentar su poder a nuestra costa. Ninguna sorpresa.


 

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