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EDITORIAL

Los presupuestos de una huida hacia adelante

Pese a la contundencia de Rajoy y el visible nerviosismo de Salgado, pocas veces un debate ha resultado tan estéril y se ha reducido tanto a un mero trámite, vistas las componendas a las que previamente había llegado Zapatero con el PNV y CC.

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Se supone que los Presupuestos Generales del Estado han de basarse en previsiones probables sobre las variables macroeconómicas en las que se asientan, pero, tal y como ha afirmado un contundente Rajoy durante el debate celebrado en el Congreso, con este Gobierno no alcanzan ni siquiera la categoría de posibles. No hay que extrañarse, en este sentido, que el líder de la oposición haya empezado por esta falta de credibilidad su crítica a unos presupuestos que también se caracterizan por el aumento de los impuestos, del gasto y del endeudamiento públicos.

Como aval de esa falta de credibilidad, Rajoy ha empezado por recordar que no ha habido uno solo de los 24 parámetros macroeconómicos sobre los que descansan los actuales presupuestos en los que el Gobierno no se haya equivocado en más de de un 10%. Asi, Rajoy ha puesto de ejemplo el crecimiento del PIB, que el Ejecutivo estimaba para este año en el 1%, cuando ahora admite que va a ser un de decrecimiento del 3,4%. También ha señalado cómo el Gobierno preveía para este año una destrucción de empleo de tan sólo 100.000 puestos de trabajo a tiempo completo, cuando ahora sus propias estimaciones son de 1.120.000 empleos destruidos.

Al margen de la falta de credibilidad que justificadamente Rajoy también ha otorgado a las previsiones socialistas para el año que viene, el líder de la oposición ha denunciado cómo el aumento de la presión fiscal, además de ser sumamente perjudicial para la recuperación económica, tampoco va a evitar un aumento del déficit y del endeudamiento público. Ciertamente, no es ya que los españoles paguen con su dinero los errores de cálculo del Gobierno, es que con este aumento de los impuestos se reduce las posibilidades tanto del consumo como, sobre todo, de ahorro e inversión. A este respecto, Rajoy ha incidido, tal y como ha hecho Rosa Diez, que la mejor política social es la que crea empleo y no la que aumenta el desembolso por desempleo. Aunque, para ser más precisos, la mejor política social es la que crea empresarios y capitalistas gracias a la acumulación de un ahorro que el PSOE se encarga de esquilmar con sus subidas impositivas.

Dado que pedir a este Gobierno reformas estructurales, especialmente en el mercado laboral, es como "pedir peras al olmo", Rajoy ha reclamado que el Ejecutivo lleve a cabo un plan de austeridad y de reducción del gasto público. En ese sentido, no habría estado de más que Rajoy hubiera aceptado el reto que le lanzaba Salgado de cara a que señalara en qué partidas el PP reduciría el gasto.

Con todo, lo más que le ha podido responder la vicepresidenta a la brillante intervención de Rajoy es que era "previsible", reproche este que el lider de la oposición ha sabido aceptar como virtud.

Sin embargo, pese a la contundencia de Rajoy y el visible nerviosismo de Salgado, pocas veces un debate ha resultado tan estéril y se ha reducido tanto a un mero trámite, vista las componendas a las que previamente había llegado Zapatero con los representantes del PNV y Coalición Canaria. No le falta faltado tampoco razón a Rajoy al señalar, en este sentido, que "si estos presupuestos no se los cree ni el Gobierno, todavía se lo creen menos los que les van a brindar su apoyo".

Ciertamente, no hace ni dos semanas que la portavoz de CC en el Congreso, Ana Oramas, señalaba que no veía "ninguna posibilidad de apoyo" a estos presupuestos. Es más, horas antes del debate, y ya cuando era público que CC iba a brindarle su apoyo, Oramas justificaba su cambio de postura como un acto de "responsabilidad política" al tiempo que reconocía, en el colmo de la incoherencia, que estos invariados presupuestos "no son buenos".

Ignoramos en qué se basa la "responsabilidad política" de CC para apoyar unos presupuestos que la propia Oramas reconoce que "no son buenos" y en beneficio de un Gobierno del que los nacionalistas canarios "no nos fiamos". La atención a los menores inmigrantes, la mejora de infraestructuras ferroviarias y los planes de empleo, con los que los nacionalistas canarios han presentado la obligación de Zapatero de "tirar de chequera", en nada afecta y mejora estos insostenibles presupuestos. Y eso no se llama "responsabilidad" sino "sálvese quien pueda".

Otro tanto se podría decir del PNV, con la diferencia de que los nacionalistas vascos dejaron en evidencia desde un primer momento su absoluto desinterés por las cuentas del Estado. Ellos condicionaron su apoyo a que se le dieran garantías del blindaje del Concierto Económico, la transferencia completa de las políticas activas de empleo y el pago en concepto de IVA de más de 450 millones de euros por parte de la Hacienda estatal a la Diputación de Álava. Conseguido esto, los nacionalistas vascos no tienen el menor escrúpulo en aceptar el pulpo como animal de compañía.

Zapatero ha tenido la desfachatez de comparar el apoyo de estas formaciones de centro derecha nacionalistas a su presupuestos con el sentido negativo que van a tener los votos de formaciones tan distintas como ERC y el PP. Vamos, como si los que apoyan los presupuestos no tuvieran que señalar qué les gustan de los mismos, o como si los que votan en contra no lo pudieran hacer coherentemente por muy distintas razones.

En cualquier caso, por mucho que Zapatero pueda proseguir su irresponsable huida hacia adelante, seremos todos los españoles –incluidos los vascos y canarios– los que sigamos pagando la factura.


 

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