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EDITORIAL

Los sediciosos y los proetarras, desatados

No hay manera de justificar ni de perdonar lo que está haciendo Pedro Sánchez.

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La puesta en libertad de los golpistas del 1-O indultados por el Gobierno se ha convertido, tal y como tan lamentablemente era previsible, en una fiesta de reivindicación separatista por la amnistía y la independencia de Cataluña. Así, entre gritos de "¡independencia!" y "¡lo volveremos a hacer!", y arropados por el actual y no menos sedicioso Gobierno regional del Principado, encabezado por Pere Aragonès, los indultados se han reafirmado, por enésima vez, en su compromiso con la secesión y han reclamado "el fin de la represión".

Es evidente que tanto los indultos como la ominosa operación diálogo que el infausto presidente del Gobierno ha ofrecido a quienes le exigen complicidad para perpetrar una tercera consulta secesionista no han hecho más que reforzar y unificar al bando separatista y desmoralizado y dividido a las formaciones constitucionalistas: ya no por un PSOE irrecuperable, que está tragando con todo con tal de mantener a Pedro Sánchez en el poder, sino por las diferencias que el PP y Vox muestran a la hora de hacer frente a este nuevo desafío contra la Nación y su Estado de Derecho.

A nadie debe extrañar que los artífices de lo que Alfonso Guerra calificó en su día de "golpe de Estado a cámara lenta", tanto los indultados como los que dirigen actualmente la Administración regional de Cataluña, hagan suya la consigna proetarra del "fin de la represión". Ni que los propios socios proetarras de este Gobierno infame quieran sacar tajada y exijan la excarcelación de sus terroristas, tal y como ha hecho este miércoles Arnaldo Otegi. La naturaleza de los delitos es, evidentemente, distinta, y el apoyo de los bildutarras no es tan necesario para Sánchez como el de los golpistas catalanes. Sin embargo, hasta cierto punto resulta pavorosamente lógico que, ante un Gobierno que tiene la desfachatez de indultar a quienes, lejos de arrepentirse, se comprometen públicamente con la reincidencia en su gravísimo delito, salgan por donde están saliendo.

El ilegal y liberticida proceso secesionista iniciado en Cataluña en 2012 sigue en marcha, y al otro lado ya no están la pusilanimidad, indolencia e irresponsable cobardía de Gobiernos anteriores, sino la complicidad de un presidente dispuesto a todo con tal de seguir siéndolo. La felonía de Sánchez no termina con la temeraria e injusta concesión de los indultos, sino que tendrá continuidad el próximo martes con la entrevista que va a mantener en la Moncloa con el indeseable Pere Aragonès, que acude a dialogar sobre cómo dinamitar el orden constitucional y despedazar España. No hay manera de justificar ni de perdonar lo que está haciendo Pedro Sánchez.

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