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EDITORIAL

Mártires de la Fe

En su maniqueo afán de hacer una historia de "buenos y malos" en función del bando contendiente, el Gobierno de Zapatero ha generado una discordia que pasa por ocultar y olvidar atrocidades como las que sufrieron estos religiosos

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Ante más de cuarenta mil fieles congregados en la Plaza de San Pedro, ha concluido la ceremonia de beatificación de 498 mártires de España, torturados y asesinados durante la persecución religiosa acaecida en nuestro país durante la Segunda República y la Guerra Civil. Si la presencia de muchos familiares de los mártires españoles ha acrecentado la intensidad emotiva de la ceremonia, las palabras más representativas del clima de reconciliación y de perdón vivido en la plaza de San Pedro han sido las pronunciadas por Benedicto XVI, quien ha destacado "las palabras y gestos de perdón [de estos religiosos] hacia sus perseguidores, que nos impulsan a trabajar incansablemente por la misericordia, la reconciliación y la convivencia pacífica".

También el arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio Rouco Varela, ha querido subrayar cómo estos religiosos estuvieron en todo momento "disponibles para confortar y sostener a sus compañeros de prisión y rechazaron las propuestas que significaban minusvalorar o renunciar a su identidad cristiana. Fueron fuertes cuando eran maltratados o torturados. Perdonaron a sus verdugos y rezaron por ellos. A la hora del sacrificio, mostraron serenidad y profunda paz, alabaron a Dios y proclamaron a Cristo como el único Señor".

Aunque se trate del proceso de beatificación más numeroso de la historia de la Iglesia Católica, estos 498 mártires suponen tan sólo una parte de los más de seis mil religiosos asesinados durante los años 30 en España a causa de la Fe. Se trata de una de las mayores persecuciones religiosas de toda la historia que además incluyó, desde el mismo momento de la proclamación de la Segunda República, la quema de iglesias y conventos, en un proceso paulatino de destrucción de bienes y objetos considerados símbolos de religiosidad que destruyó o dañó gran parte de nuestro patrimonio arquitectónico, artístico y documental.

Honra al ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos –único miembro del Gobierno presente en esta, ciertamente, "histórica" ceremonia– el haber reconocido que estacelebración pretende "fomentar la reconciliación"; una actitud que, sin embargo, contrasta con la cainita y sectaria Ley de Memoria Histórica que propugna su Gobierno.

En su maniqueo afán de hacer una historia de buenos y malos en función del bando contendiente, el Gobierno de Zapatero ha generado una discordia que pasa por ocultar y olvidar atrocidades como las que sufrieron estos religiosos, elevados este domingo a los altares.


 

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