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EDITORIAL

Mayor Oreja o el deber de desconfiar

Las declaraciones que más alimentan las sospechas de que podemos asistir a "un segundo tiempo", no son las de Mayor Oreja, sino las que han hecho recientemente los propios representantes del Ejecutivo y de la banda terrorista.

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Imaginemos que, tras el final de la última tregua de ETA, el Gobierno de Zapatero hubiera derogado la infame resolución parlamentaria aprobada poco antes del comunicado de alto el fuego que permitía formalmente al Ejecutivo negociar con la organización terrorista un eufemístico "final dialogado de la violencia". Imaginemos también que Zapatero se hubiera comprometido públicamente a no volver a circular jamás por la senda que, al margen del Estado de Derecho, le llevó a tener como compañeros de viaje a criminales prófugos de la Justicia y a adquirir compromisos con ellos en favor de "un nuevo marco jurídico-político" en el Pais Vasco, donde "todo tendrá cabida tenga el alcance que tenga" y en el que "se respetará las decisiones que los vascos adopten libremente". Imaginemos que Zapatero hubiera corregido a Rubalcaba cuando éste se refirió a la reactivada lucha policial contra ETA como "fase de confrontación", y hubiera dejado claro que no se trata de una "fase" sino de una voluntad irrevocable y definitiva de lucha contra el terrorismo, que ya no va a volver a admitir diálogo alguno con ETA. Imaginemos, así mismo, que el Gobierno de Zapatero no se hubiera limitado a aplicar la Ley de Partidos a las siglas ya conocidas de los proetarras, sino que también hubiera aplicado la legislación vigente para disolver a los ayuntamientos que aun gobiernan los representantes políticos de la banda gracias a su pasada e infame condescendencia.

Aun entonces, los españoles tendríamos todo el derecho a desconfiar de un Gobierno que ha hecho un uso tan sistemático de la mentira y que ya negociaba con ETA durante la "vigencia" del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, antes y después de la última tregua terrorista. Ese derecho a desconfiar se convierte, sin embargo, en deber cuando el Gobierno de Zapatero no ha dado ninguno de los pasos anteriormente mencionados y que servirían para reducir las dudas sobre si este Gobierno ha vuelto o no a las andadas.

Es cierto que el futuro siempre está abierto, para bien y para mal, y que no hay dique u obstáculo alguno para quien se halla dispuesto a reincidir en el error o en la infamia. Sin embargo, a la vista, no de los diques, sino de las puertas que Zapatero ha dejado abiertas al diálogo con ETA es perfectamente legítimo plantearse la posibilidad, tal y como ha hecho Mayor Oreja, de que ese diálogo entre el Gobierno y sus antiguos compañeros de viaje ya se haya restablecido.

El relativismo y el nihilismo de Zapatero ya han demostrado que son capaces de llegar con ETA a lo que en su día calificamos de "pacto entre la mentira y el crimen", que en el caso de los terroristas suponía acercarse a los objetivos políticos por los que ha venido matando y declarando treguas y que, en el caso de Zapatero no es otro que perpetuarse en el poder como sea, incluida la generación de un anestesiante espejismo de paz que le ayude a ganar las próximas elecciones.

Con todo, las declaraciones que más alimentan las sospechas de que podemos asistir a "un segundo tiempo" en las componendas entre el Gobierno y ETA, no son las de Mayor Oreja, sino las que han hecho recientemente los propios representantes del Ejecutivo y de la banda terrorista. Empezando por estos últimos, ahí están las declaraciones de alguien tan destacado como Arnaldo Otegui favorables a "reanudar el proceso" con el objetivo de que Zapatero cumpla los compromisos adquiridos y a favor de la autodeterminación de Euskal Herria. Ahí esta también el último comunicado de la propia banda terrorista, en la que si bien todavía no se muestra favorable a interrumpir su "lucha armada", sí muestra su "total disposición a dar los pasos que sean necesarios para favorecer el cambio político". No menos relevantes, y preocupantes, son las declaraciones públicas de hace unos días del ministro del Interior que, tras señalar que "no hay duda de que aun queda espacio para que la policía arrincone a ETA", afirmó a renglón seguido que "después se hará un ajuste político, pero eso lo tendrán que decidir los vascos y los españoles".

¿Qué "ajuste político" es ese que queda en suspenso en función de lo que hagan o dejen de hacer los terroristas, en función de lo mucho o lo poco que los haya arrinconado la policía?

Hace cuatro años Zapatero descalificó una foto en la que aparecía Rosa Díez con unas víctimas de ETA considerándola una "foto retrasada de quienes todavía no han empezado a salir por la carretera que vamos a transitar". Al tiempo, alababa una instantánea en la que aparecía la diputada socialista Gemma Zabaleta con la batasuna y abogada de ETA, Jone Goiricelaya, considerándola "una foto que se adelantaba a su tiempo".

En lugar de matar al mensajero y dedicar descalificaciones a Mayor Oreja, bien le valdría a este Gobierno asegurar que el futuro será siempre el de estar al lado de las victimas y no volver a transitar por esa infame senda que Mayor Oreja nos ha hecho hoy recordar.


 

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