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EDITORIAL

Ni el PSOE ni Sánchez están para dar lecciones

Deberían andarse con cuidado: no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo.

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Sin vergüenza, Pedro Sánchez sigue impartiendo unas lecciones sobre corrupción, honradez y principios democráticos para las que no es, ni mucho menos, el político más autorizado.

No lo es, en primer lugar, por su propia trayectoria: su infame tesis plagiada y las múltiples y descaradas mentiras con que ha pretendido blindarla, su doctorado aún más ominoso y su descarado libro resistente que nos está costando un carguito público para su pergeñadora serían motivos más que suficientes para acabar con la carrera de cualquier político europeo con un adarme de decencia.

Pero Pedro Sánchez es el secretario general de un partido en el que la corrupción ha sido una suerte de seña de identidad, y se ha practicado a una escala sólo al alcance del nacionalismo catalán, que tanto debe a la famiglia Pujol.

A los escandalosos casos que tienen por núcleo irradiador la Junta socialista de Andalucía, en los que se robaron cantidades astronómicas de dinero público, hay que sumar los que se han destapado en otras comunidades, como Asturias, y que siguen ahí, por mucho que la mayoría de los medios de comunicación se empeñen, cómplices, en mirar para otro lado.

De vuelta en Andalucía, esta misma semana se ha sabido que en Huévar del Alfaraje, municipio de 3.000 habitantes en el que había cerca de 200 empleados públicos, muchos de ellos relacionados con el PSOE o directamente familiares de los propios concejales socialistas del lugar, el dinero público se destinaba prioritariamente a asegurar la reelección del cacique socialista de turno.

Lo de Huévar es paradigmático de una manera de proceder que ha servido para que el PSOE detentara el poder autonómico en Andalucía durante casi 40 años, y para que aún lo conserve en otras instituciones andaluzas. Y esto sin profundizar en el pasado de un partido que, a escala nacional, ha incurrido en todos los modos imaginables de corrupción.

A un mes de las elecciones, que ante esta nueva cita con las urnas Pedro Sánchez se presente a sí mismo y presente a su partido como dechados de honradez y ejemplaridad democrática sólo es un chiste macabro. Es cierto que el presidente del Gobierno se siente absolutamente cómodo viviendo en la mentira, y no lo es menos que con la ayuda de los medios de comunicación parece no haber falsedad lo suficientemente grande para no poder formar parte de la propaganda socialista, pero el PSOE debería andarse con cuidado: como decía Lincoln en su famosísima frase, no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo, y no hay que descartar que los últimos reveses de los socialistas en las encuestas se deban, precisamente, a que están consiguiendo hartar a cantidades crecientes y muy notables de votantes.

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