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Ni los directos, ni los indirectos

Siendo cierto que podría haber agresiones mucho mayores a nuestra prosperidad que la subida del IVA, de lo que no cabe ninguna duda es de que el camino a la recuperación no pasa por una mayor sino por una menor presión fiscal.

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Si el miércoles Zapatero se encargaba de cifrar la subida de impuestos en un 1,5% del PIB, ayer el presidente del Gobierno reconoció que ese incremento podía materalizarse en mayores impuestos indirectos, lo que básicamente significa un aumento del IVA y de los especiales sobre el alcohol, el tabaco y la gasolina.

Como siempre, la justificación que ha acompañado esta desmesurada codicia fiscal socialista ha sido la necesidad de reducir el déficit y de seguir financiando las políticas "sociales" y de inversión pública del Ejecutivo. Dicho de otra manera, el Estado se empeña en seguir gastando sin control y juicio y pretende que el conjunto de los españoles, mientras atraviesan la peor crisis desde la Gran Depresión, se lo sufraguemos.

Hay algo realmente contraintuitivo en la idea de que el Gobierno tenga que hacerse nuevos agujeros al cinturón mientras el resto de la sociedad se lo está apretando hasta la asfixia. No tiene mucho sentido que si padecemos una crisis derivada del exceso de endeudamiento –esto es, de haber vivido durante muchos años por encima de nuestras posibilidades gracias a la falsa euforia que nos proporcionaba la burbuja inmobiliaria– las recetas del PSOE para superarla pasen por más endeudamiento y más gasto desenfrenado.

En estos momentos de voracidad fiscal conviene recordar que ni hay que aumentar el gasto público ni es necesario subir los impuestos para reducir el déficit: la verdadera alternativa, la única que realmente puede relanzar nuestra economía, consiste en que el Gobierno se apriete también el cinturón y reduzca de manera muy considerable el gasto. Sólo los prejuicios ideológicos de Zapatero y de su comparsa de iletrados económicos le impiden tomar esta sensata vía: sólo los presupuestos de 2009 ya poseen muchas partidas a las que meterles la tijera sin que empeore la calidad de vida de los trabajadores que no viven amamantados por el régimen. Pero además y sobre todo, el déficit de 120.000 millones que arrastramos se debe en su mayor medida a la negativa izquierdista a liberalizar el mercado laboral y a su apoyo entusiasta a onerosas obras públicas del todo innecesarias.

Zapatero puede y debe reducir el gasto público, ya que subir impuestos no es una alternativa: los 16.000 millones que pretende recaudar no le servirán ni mucho menos para eliminar ese agujero negro presupuestario por el que se están yendo los ahorros presentes y futuros de los españoles.

La última ocurrencia de subir el IVA debería rebelar incluso a sus propios correligionarios. De nuevo, Zapatero vuelve a reírse de ellos pisoteado todo el discurso que había ido tejiendo para convencerles de que tenían que entregarle aún más dinero. Se les dijo que sólo los ricos soportarían el incremento en la presión fiscal y que los trabajadores quedarían a salvo, y se lo creyeron a pies juntillas. Para la izquierda, todos los días son Rodiezmo, incluso cuando les dan gato por liebre.

Y conviene dejar claro que la subida de impuestos no es mala porque vaya a disminuir el consumo. Ahora mismo España necesita más ahorro para salir de la crisis, así que sería un mal argumento cargar las tintas en ese aspecto. La subida de impuestos es nociva porque es subida y no bajada. Siendo cierto que podría haber agresiones mucho mayores a nuestra prosperidad –en general toda la tributación que incida sobre el escaso ahorro de los españoles–, de lo que no cabe ninguna duda es de que el camino a la recuperación no pasa por una mayor sino por una menor presión fiscal.

Pero para ello habrá que reducir el gasto. Si las familias y las empresas están recortando sus desembolsos por todas partes, incluso por aquellas que hace años consideran "imprescindibles", el Estado no debería ser menos. Parece que los políticos no se han enterado de que estamos en crisis y de que no pueden seguir gastando como en los tiempos de la burbuja. Subir los impuestos, aunque sean los indirectos, y no reducir el gasto son errores de grandes proporciones que lamentaremos durante años. La crisis financiera será sólo una anécdota al lado de la pobreza que están generando Zapatero y los suyos.


 

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