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EDITORIAL

No ceder a la amenaza sindical

Si las amenazas de los sindicatos no deberían de amedrentar a ningún trabajador, menos aun lo deberían de conseguir sus engaños de última hora para capitalizar en favor de la huelga el extendido malestar que justificadamente provoca este Gobierno.

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En vísperas de la huelga general, y ante el escaso respaldo ciudadano que le pronostican las encuestas, los sindicatos no han dudado en hacer cada vez más explícitas sus amenazas contra los trabajadores que no la secunden. Así, circulares como la de CCOO, en la que se "aconseja" a los trabajadores del aeropuerto de Barajas "no poner en peligro vuestra integridad física", o advertencias como la que el secretario de la Federación de Servicios de ese mismo sindicato, Pedro Moreno, ha hecho desde Canarias a los padres de alumnos para no ponerlos en "grave riesgo" al enviarlos al colegio, son sólo algunas pocas muestras del estilo mafioso al que recurren estos supuestos representantes de los trabajadores.

Incluso el secretario general de UGT, Cándido Méndez, aunque haya querido velar sus amenazas con un retórico "acatamiento" de la ley y los servicios mínimos, las ha dejado de manifiesto al advertir de que "cualquier cosa que pueda ocurrir" será responsabilidad de quien ha impuesto unos "servicios mínimos abusivos" para "cercenar el derecho a la huelga". Vamos, que no se responsabiliza de aquello que ya empieza por justificar.

Por mucho que los sindicatos traten de hacer de la amenaza directa, de la violencia de sus piquetes informativos, del pegamento y la masilla y del no menos violento corte de los transportes, sus principales instrumentos para conseguir que los trabajadores secunden la huelga, no queremos dejar tampoco sin comentario sus críticas de última hora contra el Gobierno al que, en realidad, no quieren desgastar y al que tanta complicidad han ofrecido mientras era el desempleo, y no la huelga, el que dejaba sin trabajar indefinidamente a millones de ciudadanos.

Si las amenazas de los sindicatos no deberían amedrentar a ningún trabajador, menos aun lo deberían conseguir sus engaños de última hora para capitalizar en favor de la huelga el extendido malestar que justificadamente provoca este Gobierno. Recordemos que UGT y CCOO no han hecho más que ir de la mano de Zapatero, negando primero la realidad de la crisis y proponiendo después "soluciones" destinadas a conservar el statu quo mediante el irresponsable incremento del gasto público, del déficit y del endeudamiento. Incluso ahora, cuando el Gobierno se ha dispuesto a llevar a cabo tímidas e insuficientes reformas, más por necesidad que por convicción, los sindicatos no han querido centrar en el Ejecutivo de Zapatero su malestar sino que han arremetido contra los empresarios o contra la oposición, tal y como tan elocuentemente han dejado de manifiesto en sus casposos y burdos videos de protesta.

Finalmente, a todos aquellos trabajadores que consideren que la huelga general es, en el mejor de los casos, una forma equivocada de expresar el rechazo al Gobierno, cuando no una forma de encubrir la complicidad y la responsabilidad sindical, les pedimos que no se dejen amedrentar ni por la violencia ni por las amenazas, sino que las denuncien, grabando y fotografiando allí donde se manifiesten. Hay muchas cosas que se pueden hacer para que los españoles salgamos adelante. Ninguna de ellas consiste en dejar de trabajar.


 

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