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Once de marzo

Este PP está demostrando que nada se puede esperar de él salvo un reforzamiento del 'statu quo'. Tampoco quiere saber, sino abonar el silencio. Pasar página. Cobardía, oprobio e infamia.

EDITORIAL
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De nuevo es 11 de marzo. Son ya nueve los aniversarios del más devastador ataque terrorista que haya sufrido la España democrática, en el que 191 personas perdieron la vida y 1.858 resultaron heridas.

España no se ha repuesto de ese golpe brutal, que ha marcado su devenir de una forma que aún tardaremos décadas en poder calibrar adecuadamente. Lo grave, lo infame, es que, en gran medida, España no se ha repuesto porque no ha querido. Porque no se ha atrevido.

En Libertad Digital no nos cansamos de denunciar que España padece desde hace mucho tiempo una crisis formidable, causa de la económica que hizo eclosión en 2008. Una crisis nacional, como quedó pavorosamente de manifiesto el 11 de marzo de 2004 y los días inmediatamente posteriores, días de cobardía, oprobio e infamia.

Buena parte de la sociedad reaccionó a la matanza, un monstruoso ataque a España, cargando no contra los terroristas sino contra un Gobierno estupefacto, sonado, desarbolado ante lo inaudito. "¡Queremos saber!", clamaban en las calles aquellos indignados, que incluso dieron en cercar la sede central del PP en plena jornada de reflexión, alentados por la izquierda política y mediática, que tuvo un comportamiento de todo punto miserable.

Pronto se vio que no, que no querían saber sino desalojar al PP del poder. Preferiblemente para siempre. Refundar el régimen. Se impusieron entonces el silencio y la persecución contra los que verdaderamente querían averiguar qué pasó aquel 11 de marzo, quién atacó a España con semejante letalidad, espectacularidad y eficacia. ¿Fue un enemigo interno, un enemigo externo? ¿Cómo lo hizo? ¿Por qué? ¿Quién estaba al tanto? ¿Quién falló? ¿Se pudo evitar? ¿Hubo traidores? Cabía hacer todas esas preguntas y tantas más. Se debía. Pero casi nadie cumplió con tal deber. Casi nadie quiso.

Han pasado nueve años ya, y ya no está el PSOE en el poder sino, de nuevo, el Partido Popular. Pero todo sigue igual. Si no fuera, precisamente, por la formidable crisis nacional que padecemos, estaríamos estupefactos. Pero no lo estamos. Porque este PP está demostrando que nada se puede esperar de él salvo un reforzamiento del statu quo. Tampoco quiere saber, sino abonar el silencio. Pasar página.

Cobardía. Oprobio. Infamia.

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