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EDITORIAL

Otra sentencia con la X por despejar

Sea quien fuere quien ideó los atentados y quien colaboró en la estrategia con su asesoramiento y aliento, esta sentencia no lo ha incluido entre los condenados.

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La sentencia del Tribunal de la Audiencia Nacional presidido por el juez Javier Gómez Bermúdez sobre los brutales atentados cometidos en Madrid en marzo de 2004 no ha estado a la altura que merece el caso, ni del supuesto celo garantista del que hacía gala el presidente del Tribunal.

Estamos hablando del atentado terrorista más sangriento de los cometidos en Europa, de la explosión simultánea de varias bombas en medios de transporte muy concurridos a esas horas y con el resultado de 191 muertos y miles de heridos. Unos crímenes que tuvieron una intención política muy evidente y que resultó, con la colaboración mediática precisa, muy efectiva. Los atentados del 11 de marzo de 2004 fueron un ataque a nuestra nación y a nuestra democracia de proporciones desconocidas desde la instauración de la Constitución. Las víctimas de este acto criminal, los españoles todos y nuestras instituciones merecían que el sistema judicial recogiera y demostrara los hechos esenciales de los atentados, identificara con claridad a sus autores intelectuales y materiales y dictara una sentencia que dejase pocas dudas al respecto. Por desgracia, la sentencia dictada por la Audiencia Nacional lo único que produce es una enorme decepción.

Porque poco de lo que cabría exigir del Tribunal concuerda con la resolución de este miércoles. Las personas que la Fiscalía había señalado como autores intelectuales han quedado absueltas de esos cargos, por lo que seguimos sin saber quién concibió y planeó los crímenes. Falta el cerebro de la operación, pero es que tampoco se conoce el arma homicida, ya que, según se desprende de la lectura de los fundamentos de la sentencia, no se conoce la marca comercial del explosivo, pese a lo cual concluye que "todo o gran parte procedía de Mina Conchita". Por si esto resultara poco chocante, la supuesta célula islamista está compuesta por un asturiano confidente de la Policía y un magrebí con la capacidad de ubicuidad, ya que se le reconoció nada menos que en cuatro sitios al mismo tiempo.

Pero si se desciende un poco más al detalle, aunque a cuestiones de enorme relevancia, nos encontramos con que una de las principales pruebas de la Fiscalía, el Skoda Fabia, desaparece de la sentencia del mismo modo en que apareció en su momento tres meses después de los atentados, como por ensalmo. Del otro vehículo, la Renault Kangoo, dice el Tribunal en los hechos probados que tres terroristas se desplazaron en ella con mochilas que contenían explosivos, mientras que en los fundamentos se declara que no lo hicieron. Esta grave contradicción no sólo podría motivar un recurso de casación, sino que nos obliga a preguntarnos si el tribunal ha prestado a la sentencia siquiera la mínima reflexión que cabría exigirle.

El texto merece aún más lecturas del máximo interés. Había 28 acusados, ocho de ellos principales, de los cuales sólo a cuatro se les ha impuesto una pena superior a los 20 años, lo que rebaja en gran medida las pretensiones de la Fiscalía. No aparece ETA, pero tampoco Al Qaeda, ni tampoco se hace mención a la guerra de Irak como motivación de los atentados. Todo esto es muy cierto, y muy relevante políticamente, ya que esos fueron los términos que se utilizaron para manipular a los españoles, abocados a la concurrencia en las elecciones generales. Se nos dijo que Aznar era el culpable de haber incitado a los terroristas a actuar por su apoyo al esfuerzo aliado por pacificar Irak. Según los jueces, nos encontramos con algo muy distinto.

Como ya afirmamos ayer, acatamos la sentencia, como no podría ser de otro modo y como es nuestra obligación y nuestra vocación. Pero también lo es examinar la realidad con racionalidad y con criterio, formarnos un juicio sobre los principales asuntos de la actualidad y ofrecérselo a nuestros lectores. Y, por desgracia, el que nos merece la sentencia de la Audiencia Nacional sobre los atentados del 11 de marzo no puede ser positivo. Porque no aclara lo que ocurrió ni por qué. Porque no precisa quién ideó los atentados ni qué arma se utilizó para cometerlos. Porque nos encontramos de nuevo con que la Justicia vuelve a marcar una X en la cúspide de una trama. Y porque el asesino anda suelto. Sea quien fuere quien ideó los atentados y quien colaboró en la estrategia con su asesoramiento y aliento, esta sentencia no lo ha incluido entre los condenados. Nada de ello resulta tranquilizador.


 

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